¡Qué coraje da! Tú preparas un queque con todo el amor del mundo, huele que da gloria, está dorado, esperas a que se enfríe, lo cortas y ¡Bingo! Una miga suave, esponjosa, un sabor a masa casera espectacular, pero ¡Uuupps! Todos los trocitos de chocolate se han ido al fondo.
Bueno, como a mí eso me pasó muchas veces, hasta que entendí cómo funcionan las masas. Tengo la suficiente experiencia de pringada en el asunto como para darte unas recomendaciones que sé que funcionan.
Si te sabes alguna más, cuéntamela. No te guardes el secreto para ti, por favor.

- Enharina los trocitos de chocolate, ponlos en un bowl con harina, asegúrate de que están bien cubiertos y tamízalos con ayuda de un colador.
- El horno tiene que estar bien caliente, enciéndelo cuando empieces a preparar las cosas y no metas el molde hasta que tenga la temperatura que necesitas.
- La temperatura de los ingredientes es importante. Es mejor que esté todo a temperatura ambiente, unos huevos muy fríos, por ejemplo, puedes hacer que las pepitas de chocolate no se queden donde tú quieres ¡Un drama!
- Las masas tiene que tener la densidad adecuada. Las masas muy líquidas dificultan la tarea a la hora de poner trocitos de chocolate o frutas. Por ejemplo, las masas hechas con aceite en vez de con mantequilla son más líquidas y por lo tanto tienen mayor facilidad para mandar los trocitos al fondo.
- Pon los trocitos de chocolate por tandas. Es decir, los enharinas, como te explico en el truco número 1 y le pones a la masa la mitad del chocolate, lo renueves todo bien suavemente con una espátula. Pones la masa en el molde y antes de ponerlo en el horno le pones la otra mitad de los trocitos de chocolate enharinados por encima. Así no falla nunca.