He tenido muchos trabajos, anoche mi gremlin mayor me preguntó y los conté. He trabajado en 14 sitios distintos. Tengo 39 años, haz tus cuentas.
Sí, a poco que pienses te salen varios trabajos a la vez; pero de eso hablamos otro día ¿Vale?
Una de esos trabajos me tenía varias mañanas al mes evaluando a mis alumnos en una plaza preciosa. Los guiris bajaban de esas guaguas que te llevan a ver muchos municipios en poco tiempo. Vamos, bajaban para estar 20 minutos en el lugar y se iban con la foto de rigor hecha.
Desde mi puesto podía observar un patrón que se repetía. Sobre todo con los alemanes. Llegaban a la plaza, escuchaban las dos frases que les daba el guía como indicación y empezaban a deambular.
Y no fallaba, siempre, pero SIEMPRE, se empezaban a hacer fotos con el flamboyán, un árbol que estaba justo delante de la basílica. Una basílica que tiene sus orígenes a finales del siglo XV, declarada Bien de Interés Cultural, que tiene en su altar un retablo gótico flamenco, la figura de un cristo hecha por los indios tarascos de Michocoan, un tríptico del siglo XVI y mucho más.

Pero nada, los alemanes se ponían delante de ese árbol y no paraban de hacerse fotos. Ni caso a la basílica, ellos allí fascinados con el arbolito.
Yo, por más que lo miraba, no entendía nada. En serio, esos árboles están aquí por todos lados, además hay hileras e hileras plantados en cualquier barrio. Sí, en los chungos también (puedo decir «barrio chungo», porque yo soy de barrio chungo. Privilegios que tenemos algunas).
Me pasé semanas y semanas viendo que la escena se repetía. Así que le pregunté a mis compis si ellas entendían algo. Más allá de la afirmación de «los alemanes son muy aficionados a la botánica» no obtuve más datos.
No me quedó más narices que preguntarles a los alemanes. Me acerqué con la excusa de enseñarles un folleto sobre los recursos culturales del barrio, esperé a que le hicieran la foto al «famoso» flamboyán y los acosé vilmente.
¿Qué tenía de especial ese árbol?
Me dijeron que nunca habían visto un árbol así, que era precioso y me preguntaron el nombre.
Hablé también con el guía que los trajo y me comentó que el flamboyán era considerado un árbol exótico, porque se daba en muy pocas partes del mundo.
Esa misma tarde me puse como las locas a estudiar las características del flamboyán de las narices. ¿Cómo iban a apreciar así unos alemanes un árbol que veo por todos lados a todas horas y yo sin saber nada sobre él?
Por lo visto es típico de Madagascar y se da en algunas países de Sudamérica, como por ejemplo; Perú, Venezuela, Colombia,Puerto Rico, México, Bolivia y Brasil. Pero sobre todo, fuera de Madagascar, en Canarias y Madeira.
¡Aaaaah!El exotismo es así, para mí es el árbol con las flores rojas que da sombra y al que casi ni miro, porque no hay barrio que no tenga unos cuantos. Pero para ellos era exotismo puro y duro.
La vida es así, ser exótica o no es una cuestión geográfica.
Por la misma razón que no apreciaba yo el flamboyán hasta ese momento, no me atrevía a poner por aquí recetas típicas de mi tierra, de esas que se comen en casa, en el día a día.
Total, todo el mundo las hace y las sabe hacer ¿no? ¡Faaaalso! Son las receta que más visitas tienen y cuando me paran por la calle (ella se cree Jlo) son siempre las primeras que me nombran.
Lo rutinario, lo común, lo normal es puro exotismo. Solo hay que pararse a apreciarlo.
¿Voy a aprovechar para nombrarte algunas de estas recetas canarias y así intentar vendértelas?Claro que sí.
Los churros de pescado tienen que ser lo primero. Es lo que más me nombran y me hincho de orgullo como un globo de helio cada vez que me dice que cuando los preparan en su hogar, saben como los de su abuela o abuelo. Normal, es la receta de mi abuela.

Las papas arrugadas y su mojo rojo, prometo que así salen SIEMPRE, SIEMPRE Y SIEMPRE. Además, aquí les dejo un vídeo con el paso a paso de las papas.

Un plato de arvejas siempre viene bien, no te asustes con el nombre son solo guisantes, quedan deliciosos y se hacen con ingredientes sencillos y muy económicos.
Y ya sabes que yo nunca te dejaría sin postre, así que polvitos uruguayos para todos. Prometo que se inventaron en Gran Canaria, aunque el nombre despiste.
Y hasta aquí llegué hoy. Has tenido suerte que no te haya nombrado el potaje de berros. Me he apiadado de tu pobre alma muertita de calor a estas alturas del año.
