Tenía dieciocho años y fui a Madrid con ella para visitar a una amiga.
Nos sentíamos muy mayores,solas en la capital en la época pre-smartphone ¡Vaya aventura!
Yo,que me pierdo hasta en el parking de Carrefour,sin GPS ni nada que se le pareciera.
Tocó parar a extraños y preguntar direcciones,no había otra manera.
Nos costó cinco intentos que alguien nos respondiera,nos asombró el asunto,aquí lo normal es que te atiendan y a la primera.
Nos contestó esto pronunciado muy fuerte y muy claramente las “ces”,las “jotas” y las “eses” finales,con ese canturreo al entonar que se siente a veces como un bloque. «Ves el edifiCio roJo,el de ladrilloS,es enorme.PueS vais allí y cogéis el que va a PrínCipe Pío,os baJáis en PrinCipio Pío y veréiS mogollón de autobuseS.CogéiS el que va a “Casa de Campo-Batán” y oS bajáiS en la “Casa de Campo” no tiene pérdida”.
Recuerdo estar subida en una de las atracciones del parque,de esas que son como una torre de muchos pisos y que te dejan suspendida en el aire con los pies colgando a mucha altura,mirar alrededor y buscar el mar con la mirada.Obviamente no aparecía,el mar queda muy lejos de Madrid,mis conocimientos de geografía daban para eso.Pero mi mente no lo entendía.
¿Y el mar? ¿Y mi mar?
Y antes de precipitarnos al vacío en esa máquina infernal por pura diversión,lo último que pensé fue «¿Cómo se calma la gente aquí cuando siente que no puede más?»
Yo voy al mar,pasear cerca de la avenida,escuchar las olas,ver a la gente caminar por la orilla.Me rindo a la evidencia de que me da igual que sea invierno y el Atlántico esté todavía muy frío,la única manera de olvidar las penas en meterme en la marea.
Hago todos los planes de ocio en verano cerca del salitre,porque lejos no tiene sentido el tiempo libre.
Espero a que baje la marea y se formen charcos para mirar cangrejitos entre las rocas.Meto los pies en ellos sin más actividad que el fijar la vista en el horizonte.
Y repito eso de «Para todo el mal,el mar.Para todo bien,también» como si fuera un mantra que me ayudará a alcanzar el nirvana o al menos evitar que termine en la cárcel.
Los de fuera siempre me preguntan que si no me siento atrapada viviendo en una isla,rodeada de mar por todas partes.Esa gente no sabe que el mar es casa.
¿Se nota mucho que va a llegar el día de Canarias y voy con la canariedad a tope?
La única manera que conozco de ser universal es defender lo local.
Así que te recopilo algunas recetas canarias que son parte de mi identidad.Me encanta verlas juntas y espero que a ti también.
Una de las recetas más vistas de esta página el potaje de berros,el de siempre,sin tontadas.

Un buen plato de arvejas me da la vida.Me sienta bien en cualquier época y me trae muchos recuerdos de la infancia.

Preparar un buen gofio escaldado tiene sus trucos y sé que su preparación cambia mucho dependiendo de la isla,pero en mi casa se hace así.

Los churros de pescado es de las recetas que más me copian,lo sé,porque cuando me paran por la calle me cuenta que saben igual que los de su abuela y que no han vuelto a comprarlos congelados. Es la receta de mi abuela así que tiene sentido que sepa a eso.

Sé que lo ponerle tomate al Almogrote o no siempre da lugar a polémicas,porque depende de si te has criado en las islas occidentales u orientales.En cualquier caso el resultado es igual de bueno,yo lo prefiero con tomate,porque lo digiero mejor,sin más.Pero de sabor es imposible que pueda elegir,soy demasiado gordapapa.