Hace unos años me puse muy malita y me tuvieron que ingresar unos días en aislamiento.
Fue antes del COVID,así que no teníamos, o al menos yo no, conocimientos generales sobre eso de tener que estar completamente sola y que cada vez que tuviera que entrar alguien del personal desde la enfermera hasta la limpiadora tuviera que hacerlo vestida casi de astronauta para no contaminarse.
Un rollo.
Estaba embarazada de mi segundo gremlin, tenía miedo, estaba sola y me costaba respirar.
Las únicas personas que hablaban conmigo un rato era la limpiadora y el enfermero de la mañana; los dos coincidía en que aprovechara y descansara, porque todas las mamis que estaban ingresadas agradecían esos días, porque eran como estar en un hotel sin tener que ocuparse de nadie. Les traían todo y solo tenían que curarse.
Sé que lo decían con toda la buena intención para hacerme sentir que en unos días estaría ya recuperada y en el trote diario.
Pero sentí una profunda tristeza al escucharlo.
¡Qué clase de vida llevaban todas esas mujeres! Agradecían los días de ingreso en un hospital,porque significaban descanso.
¡Qué carga mental y física llevaban encima!
Me pareció horrible, que la única manera que tuvieran de descansar era estando enfermas.
¡Pobrecitas!
He pensando mucho en el privilegio de la pausa.
Porque sí, es un privilegio. No es algo que cualquiera pueda hacer, aunque quiera, aunque lo necesite. Lo que necesita es poder hacerlo.
Y eso implica cierta estabilidad económica.
Vamos, lo de siempre, es más sencillo cuidar y cuidarte si el dinero no es un problema o, al menos, no es el problema principal.
Me gustan las pausas, casi todo lo interesante sucede ahí.
Incluso cuando no pasa nada, puedes escuchar lo que hay alrededor.
Escuchar,yo tengo mucho necesidad de escuchar. Así es como intento aprender y,claro, para eso hay que tener tiempo.
No pienso esperar a que la salud en pare para darle a la pausa.
Sé que el mundo va a seguir girando cuando yo no esté y que ni siquiera soy necesaria, pero tengo claro que no voy a dar por sentado los días ni dejarlos pasar esperando al descanso.
Voy a descansar y a presumir de ello.
Me merezco la pausa y me merezco escuchar.
Lo digo así en alto, para creérmelo del todo; porque,claro, estoy aprendiendo a no llenar la agenda de más tareas de las que caben en un día.
Lo voy a repetir, esta vez tienes que leerlo con una voz más autoritaria todavía. ¡Me merezco la pausa!
¿Lees esto con mi voz en tu cabeza o con la tuya?
En fin, les dejo unas ideas para que la comida no les quite tiempo de descanso y puedan pasear lo que necesiten, quedarse mirando un árbol o ir a correr a su lugar favorito.
Todas tienen en común que se hacen muy,muy rápido.
Pasta con salsa de queso y pistacho

Este estofado de setas tan versátil que te vale para cuando hace frío o calor. Solo necesitas un caldero y un ratito.

Dos ideas con pan plano si no tienes,pues te valen unas tortillas mexicanas de esas que siempre tienes en la despensa.

Las setas empanadas son un vicio si no te apetecen así, pueden acompañarlas con un poco de tomate picado o mayonesa. Y dentro de un bocata me saben siempre a carne.

Y acabamos con una idea dulce que lo mismo te vale para un desayuno, que para una merienda o un postre estos vasitos de yogur con Chía y fresas.
