Mi vida en cajas

He visto muchas veces mi vida en cajas y en bolsas y desparramada por todos lados.

Contabilizada, marcada y clasificada.

Sé el espacio que ocupo en el mundo, lo tengo muy claro, lo he tenido que armar y desarmar tantas veces que soy capaz de visualizar todo el contenido en compartimentos etiquetables. 

Es lo que tiene el haberse mudado tanto y haberlo hecho sin empresas de mudanzas de por medio. Pero siempre con la ayuda de amigos dispuestos a cargar un sofá 7 pisos, por las escaleras, después de una jornada laboral extenuante, otros dispuestos a hacer la limpieza de cho TV baño de tu nuevo hogar, porque sabe que odias con la fuerza de los mares y el ímpetu del viento esta tarea, el que siempre dice sí a prestarte su furgoneta para cargarla con los escombros y las que pillan el rodillo y te ayudan a dejar blanca y reluciente una pared que previamente llevaba un color obispo de manual. 

Casi más eficiente mi equipo que una empresa de mudanzas. Son los mejores. Siempre aparecen. Tengo mucha suerte.

Elegir los objetos que quiero que entren en mi vida después de haberla visto tantas veces en cajas se ha convertido ya en una filosofía. Y estoy segura de que podría escribir una disertación bien argumentada sobre mi razonamiento para adquirir nuevas viandas.

Pero como sé que es verano y nadie quiere leer sobre esto en verano, te lo resumo en una línea; necesito muy pocas cosas. Entre menos tengo, menos me preocupo. 

Y necesito belleza alrededor, bueno, y cierto orden. Todo el orden que se puede tener con dos gremlins que quieren vivir, jugar y crear recuerdos ¡Eso desordena un montón! 

Me gustan las casas vivas, con dibujos infantiles por las estanterías, libros, plantas, muchas especias y olores a limpio. 

Esta semana he tenido mi vida desparramada por los rincones de mi hogar. Tocaron unas obras muy deseadas y necesarias. Así que no puedo quejarme, significa subir un nivel en este videojuego de la vida. Es algo sencillo y no es muy costoso, pero voy a ver mi rincón del mundo más bonito. 

Odio esas obras en las que te gastas un dineral y no luce nada. ¡La electricidad, por ejemplo! Sí, claro, cuando la arreglamos hace unos años pudimos, por fin, poner una lavadora y hacer la comida mientras la tele estaba encendida sin que supusiera un problema. Muy eficiente, imprescindible y eficaz. Peeeeeero, cuesta mucho dinero y la casa, se ve igual, nada cambia. Es mejor cuando ya el esqueleto está bien armado y te puedes dedicar a decorar. 

¡Qué gusto tener las cosas a tu antojo! ¡Qué lujo poder permitirte tirar paredes, aunque sea con el mazo en la mano! ¡Qué bonito cuando todo termina y vuelve el orden!

Visualizar el final, recordar que todo pasa y que la incomodidad es solo un ratito es básico para las obras y para la vida.

Lo malo pasa y lo bueno, también. 

¡A vivir lo que toque como a cada una se nos antoje!

En lo que cojo el paño para seguir limpiando, te dejo por aquí unas ideas increíblemente deliciosas y muy veraniegas, porque necesito cocinar YA.

Esta semana hemos estado de servicios mínimos y no he podido pillar un caldero. El día que empiece pienso alimentar a todo el barrio. 

Una ensalada simplemente perfecta

Pimientos del piquillo, que se hacen a la velocidad de la luz.

Maneras de alegrar un pescado a la plancha

¿A quién no le va a gusta un cóctel de gambas?

Un postre con mango y pistacho en mi hogar siempre es un sí.

Publicado por aroaaleman

Hablo mucho y casi siempre de comida. Gordapapa profesional.

Un comentario en “Mi vida en cajas

Deja un comentario