El despertador y los macarrones

“Me despierto todos los días sin despertador. Dejo que mi cuerpo se levante cuando ya esté descansado. Unos días es muy temprano y otros hasta las diez de la mañana no salgo de la cama”. 

Mira, me dio coraje escuchar cómo decía esa frase. La pobre lo contaba ilusionada,como uno de los logros de su vida. Pero a mí me puso nerviosa. 

¿Cómo te despiertas así? ¿No te da angustia no saber las horas que vas a tener para trabajar al día siguiente? ¿Pones el despertador si quedas con alguien? ¿Cómo organizas tu agenda semanal? Lancé todas las preguntas sin piedad, como si fueran piedras. 

La pobre me contestaba con calma y con el discurso aprendido. Obviamente, no era la primera vez que tenía que responder a eso. Era consciente de que su estilo de vida genera curiosidad. Y en mi caso, coraje. ¿Coraje o envidia?

Las dos cosas, seguro que las dos cosas. 

Le dije que creía que aunque  consiguiera toda esa libertad, mi cabecita ansiosa se levantaría más agobiada sin reloj que con reloj. A mí me gusta controlar mi tiempo, saber las horas que voy a dedicar a una tarea, organizar en mi agenda los quehaceres y acostarme con una idea clara de lo que me toca hacer al día siguiente. 

Soltó una carcajada, conozco esa risa, porque es la misma que lanzo yo, cuando alguien se empeña en decirme con mucho amor y cariño que eso que hago a diario y que conozco bien no  puede elaborarse así. Es una carcajada que muestra ternura y un yatedigoyoquesi. 

A ella le gustaba controlar tanto como a mí,bueno, puede que más, porque ella planifica el futuro a largo plazo. Yo eso lo dejé hace rato ya, porque me parece el colmo de ser soñadora.  Y los años me han vuelto realista. Es una pena. 

Me largó un “te juro que da tiempo de hacer muchas cosas cuando duermes lo que te pide el cuerpo”. 

Si es que soy una simplona. Ya lo sé, lo tengo claro. Calladita me dejó. 

A partir de esa conversación he estado observando mis ritmos, porque la verdad no tengo ni idea de a qué hora se levantaría mi cuerpo si no tuviera  despertador. 

¿En qué momentos del día me apetecería trabajar si no tuviera horarios rígidos? ¿Modificaría mi horario de comidas? ¿Soy más productiva por la mañana, por la tarde o por la noche? ¿Cómo enfocaría la distribución de tareas si no supiera si me voy a levantar a las cinco de la mañana o a las nueve?¿A qué huelen las nubes? ¿Por qué el lemon pie no es diurético?

Hoy me he levantado y no sabía que era domingo, normal porque sigo de vacaciones. Pero no he parado de darle vueltas al tema ¿cuál es mi ritmo real?

Creo que tendrían que resetearme de fábrica para averiguarlo, tengo ya demasiados programas instalados como para ver la respuesta clara ¿o no?

En lo que pongo la alarma para mañana les dejo por aquí cinco recetas que puedes hacer hasta con sueño en el cuerpo. 

Ya lo dijo el gran filósofo del siglo XXI, Pit Bull “estás como el queso italiano,ricota”Macarrones con ricotta y tomates cherries.

Champiñones rellenos tardé más en hacer la foto que en cocinarlos. Nada más que añadir,Señoría.

La ensalada ganadora a partir de ahora cada vez que me presente voy a decir “soy Aroa ¿Sabes que una vez gané un concurso de ensaladas del periódico “El País”? Así, sin venir a cuento ni nada.

Este pollo de fin de mes es perfecto para comer calentito sin morir en el intento en esta época del año.

Y esta ensalada al estilo Goiko es una idea muy práctica para comer rico, rápido y sin gastar energía.

¿Se quedaron con ganas de algo dulce?

Preparen estos vasitos antes de que se acabe la temporada de mangos.

Los van a amar.

Publicado por aroaaleman

Hablo mucho y casi siempre de comida. Gordapapa profesional.

Deja un comentario