El movimiento me salvó.
Eso lo tuve claro siempre, es uno de los logros de mi vida.
Eso creo que nunca lo he dicho en voz alta, pero lo pienso, el movimiento me salvó.
Después de aquella operación, de tanto dolor; sigo tan traumatizada con el dolor físico que sentí que me niego a describirlo,podría, sé que podría; me prometí a mi misma que desde que pueda moverme no iba a parar.
Mi cuerpo, al que tan poco escuchaba, había dicho “aquí te quedas,Mari Carmen”.
No sabía ni interpretar las señales de dolor, así que él dijo, “¡Aaah, que te duele y no paras! Espero que te voy a hacer parar!”.
Y ahí me dejo, con una cicatriz en el cuello, muchos mareos y una recuperación larga por delante.
El día que entendí que los dolores se me aliviaban después de caminar; bueno, caminar, caminar…diremos deambular; pues eso, después de deambular 45 minutos con unos mareos dignos de muchas copas de vodka; todo encajó.
Toca moverse.
Y en ello estamos.
Soy bastante desastre en lo de ponerme como prioridad, porque todavía estoy aprendiendo; pero dame tiempo. Me convertiré en experta.
Esta semana voy a moverme mucho, a comer alimentos que sé que digiero con facilidad y a dormir todas las horas que necesito. Y voy a presumir de ello, todo el rato.
¡Ojalá la gente presumiera de descansar tanto como lo hace de ser productiva!
Caminar, coger la banda elástica y sudar como un pollito es descanso, para mí lo es. Y es cuidarme, convertirme en mi propia madre y darme ese caldito que me hace falta para devolver las tripas a su sitio.
Estaré de servicios mínimos y si alguien tiene algo urgente, pues que le pregunte a un médico (por aquí no se escuchan los tonos, pero ese “que le pregunte a un médico es suave, como de conclusión lógica, no de amenaza).
Les dejo por unas ideas, por si están como yo y necesitan colorinches a tope en el plato y recordarse que te tienes que dar lo que te mereces.
Bueno, me merezco un marquesado y no me lo puedo dar, por ahora. Dame tiempo.
El puré naranja llaman mis gremlins a esta crema tan perfecta para esta época del año.

Mucho enseñar yo restaurante con estrella Michelin, pero con lo que sueño cuando estoy mal es en un caldo de papas de abuela.

El pastel del pastor es de esos platos que te abrazan. Me encanta ver esta foto, porque está hecha encima de mi antigua lavadora.

Risotto de calabaza y calamares o una forma simple de hacer feliz a alguien.

Berenjenas rellenas con falsa bechamel de calabacín

Y te traigo también algo dulce bowl de frutas del bosque.

¡Vivan fuerte, coman rico y brinden por los que no están!