Me falta campo. Calle tengo un montón.
El otro día alguien llamó a la gente del barrio donde me crié “gente cutre”, respiré fuerte, pensé unos segundos y medité si valía la pena o no aclararle a esa persona que acaba de conocer en un ambiente en el que hubiese sido muy incómodo; que esa gente cutre es MI gente.
La Aroa del pasado hubiese saltado con las garras fueras y la barbilla alta a aclararle muchas cosas sobre esa cutrez a ese ser humano. Pero se ve que estoy madurando, porque me limité a enfatizar que a toda esa gente cutre la conocía por nombre y apellido, que me había criado con ellos y que si no le gustaba ese ambiente, entonces, dónde le gustaba estar.
Mentalmente le estaba dando con un bate en la cabeza, pero por fuera sonreí suavemente e hice las aclaraciones y mi pregunta en un tono amable. Creo que estoy madurando.
Al escuchar su respuesta ya tenía claro que el clasicismo no era su culpa, a él lo habían dibujado así. Entra dentro de lo que clasifico como “pijus maximus”, sí, como en la “La vida de Brian”.
Los “pijus maximus” han vivido en su burbuja y los privilegios de su realidad hacen que sean incapaces de ver con claridad el resto de circunstancias. Ya saben, esa gente de “si no me pasa a mi, es que no sucede”.
Y fue inevitable pensar en mi propia categoría, en la etiqueta que se me puede colocar por el lugar en el que me crié y en el que vivo ahora, el ambiente que rodea y los privilegios a los que tengo acceso. Lo tuve claro.
A mí me falta campo.
Es que calle tengo un montón, me puedes dejar en los supuestos barrios chungos de mi provincia que me voy a sentir cómoda, sé moverme, cómo hablar, cómo actuar.
No me siento en peligro ni excesivamente alerta ni noto nada de esa cutrez que hablaba “pijus maximus”. Supongo que así habla de que te falte dinero y seas de clase obrera.
Obviamente le faltan dioptrías para entender la vida. Me da pena, un poco de coraje, también. Pero sobre todo me da pena, porque jamás va a poder descubrir nada más allá de los dos metros cuadrados que lo rodea.
Yo también me doy pena, me falta campo.
Creo firmemente que carezco de algo que tienen las personas que he conocido y se han criado en ambientes rurales.
Tienen una sabiduría relacionada con seguir los tiempos de la naturaleza que no se puede obtener de otra manera. Todo florece a su tiempo, hay aguas que hay que dejar correr y hay momentos en los que no hay que sembrar, porque la tierra necesita descansar.
Además, creo que el sentido de comunidad de un pueblo y de un barrio de periferia se parecen mucho. Pero muchísimo y no solo en lo de poner motes. Las vecinas de un bloque se trataban igual que las vecinas de un pueblo, eran una red de apoyo ante un sistema que no las tenía en cuenta.
Pero cuando te crías en contacto con la gente mayor que se ha criado en las zonas rurales, te cambia la mirada. Si sabes escuchar un poco te das cuenta de que esos ojos que han visto pasar tantos inviernos tienen mucho que decir. Y yo de eso me he perdido mucho.
Tuve que aprender de mayor los nombres básicos de la fauna y flora que me rodea. No sabía distinguir un olivo de un acebuche y no me había fijado en el pinzón azul y a lo que son capaces de sobrevivir. Todo lo estoy aprendiendo tarde.
Recuerdo la primera vez que le dije a alguien que se había criado entre montañas que había comprado alquequenjes en el mercado y quería hacer un queque y que tenía colinos para hacer un potaje.
Se rió mucho en mi cara porque había pagado por esos dos productos. “¡Pero si los alquequenjes no los quieren ni las cabras! ¡Cómo vas a pagar por colinos! ¡Eso crece salvaje!”.
“¿Cómo voy a encontrar colinos o alquequenjes en plena capital? ¿Dónde quieres que los busque? ¿En los semáforos?”, se lo dije con mi peor tono de marisabidilla.
Y esta persona me miró como miré yo al pijus maximus y me dijo eso de “La gente de la ciudad paga por boberías”.
Y mira, me pareció la frase que mejor ha resumido mi vida entera.
Lo que yo te diga, me falta campo.
Por si te estás preguntando qué narices son alquequenjes, es lo mismo que , physalis, el aguaymanto, golden berries y mil nombres más que le ponen a esta fantasía.
Estos miniqueques maravilloso tiene dentro alquequenjes. Están hechos con esta receta de queque de naranja sin lácteos, lo que le puse dentro trocitos de physalis o alquequenjes.

Si te hace falta un guiso te recomiendo,este estofado de setas.

Una caldereta de pescado que te va a reconciliar con la vida.

Y mi estofado del que he hablado mil veces y pocas me parecen para lo maravilloso que es.

Y si quieres un postre a tope de limón y sin gluten esta tarta de queso y lemon curd está para ponerle un piso.

¡Viva mucho,amen fuerte, coman rico y brinden por los que no están!
la madre que te trajo anoche que te parió anoche que ahora tendré que hacer esos mini queques con los physalis que tengo en la entrada de casa. Me crié en piletas, el llamado barrio sin ley y aunque siempre he estado rodeada de campo(mi madre de Teror y mi padre de Valleseco) siempre he visto lo bueno de los dos lados, como bien dices los vecinos de los barrios periféricos de la gran ciudad son una red de apoyo entre ellos y capaces de dejar de lado las diferencias para luchar por un mismo fin, en el campo aunque son más cerrados también son hospitalarios y generosos. Pero como dice la gente mayor de por aquí «hasta la orilla de la marea hay cochinos». Por suerte mi hijo con cuatro años limpia la tierra con un rastrillo, sabe como funciona un tractor, ordeñar una cabra y como gratis naranjas, guayabos tunos y hasta cuajada fresca de leche de cabra, pero también quiero que sepo moverse por la capital, por los maravillosos barrios de Schamam, San Cristóbal, Guanarteme, San José etc porqué cada uno tiene algo que enseñar. Gracias Aroa y no solo por las recetas
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Mil gracias a ti por tu historia.
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