Palabra, voz y rollitos de berenjenas

“Yo no podría hacer eso que haces tú. Dale a grabar a la cámara y mirar directamente ahí y hablar sin más. Es que no podría ¡Ole tú!”

Le pregunté a la persona que me dijo eso si lo que me estaba diciendo es que daba un poco de vergüenza ajena verme. Insistió en que no se refería a eso. Pues  no sé lo que quería decir, porque es alguien que trabaja con los medios y tienen cámaras alrededor todo el rato. Aclaró que eso es distinto. 

Estuve pensando unos días ¿de verdad es distinto? 

Para mí hablar es algo natural. Me da igual si delante tengo a una persona o a 500. Si tengo claro lo que quiero comunicar, pues abro la boca e intento emitir un discurso lo más claro posible. 

LLevo toda la vida trabajando así y sé que las palabras que eliges, las historias que cuenta para poder conectar y poner a tus oyentes en la emoción que necesito para que sean capaces de entender mi mensaje lo cambian todo. Así que no es cuestión de talento, es pura práctica. 

He podido probar muchas técnicas distintas porque tengo más años que un árbol. Y ahora, la verdad, es que hago un poco de trampa. Voy a tiro hecho, ya no arriesgo. Sé lo que funciona y así trabajo. 

No siempre es la misma estructura ni el mismo guion ni el mismo método. Depende de las personas que tenga mirándome. Hay algo en su lenguaje corporal, es la manera de mirar, en las pausas de atención que hacen, que son indicadores claros para mí del camino que tengo que seguir para que se olviden de lo demás y presten atención a mis palabras. Ellos saben que las digo SOLO para ellos. 

Es de lo que más orgullosa estoy. He estudiado mucho, en áreas muy diversas. Nunca hablo de esto porque me parece innecesario. La educación es como la belleza, cuando la tienes, se nota. Y ya. Pero sin duda alguna, entre todas las doctrinas y materias que he estudiado a lo largo de mi vida, con la que me siento más orgullosa y creo que es la que mejor transmito es la oratoria. 

Las palabras tienen mucho poder.

Algunas me han dolido tanto que todavía guardo heridas que no han cicatrizado y que de vez en cuando se abren. Y no se reactiva el dolor por casualidad, son palabras las  que abren el trocito de cicatriz que queda abierto. 

Y sé exactamente las palabras que me ayudan a sanar. Esas frases que repito porque son mantras que me colocan en la energía que necesito y que son mejores para mí que cualquier tila o chupito de tequila. 

Las palabras curan, acompañan, centran y dan energía. Al contrario también, así de poderosas son o así de peligrosas. Todo, siempre, depende de la intención y el contexto. 

He ayudado durante todos estos años a cientos de personas a encontrar su propio estilo a la hora de comunicar. Ver cómo cambia su lenguaje corporal al elaborar discursos, presentación o exposiciones según van adquiriendo las habilidades necesarias para que esa actividad no sea un sufrimiento es mágico. 

Tener tu propia voz y saber usarla es  una destreza útil en cualquier ámbito. ¡Hasta para comprar lechugas!

¿Te da miedo hablar en público? ¿Jamás te grabarías para salir en redes sociales realizando un discurso mirando a cámara? ¿No te ves capaz de tener que dar charlas o discursos a pesar de tener mucho que decir? ¿Te callas en las reuniones por miedo a no saber expresar correctamente tus quejas y que te malinterpreten?

Me encantaría que me lo contaras, me interesa mucho tu propio testimonio. 

¡Cuéntamelo todo, amiga!

En lo que te lo piensas, te dejo ideas para que esta semana tu preocupación nunca sea eso de y qué vamos a comer hoy y te puedas centrar en otras cosas. 

Risotto de calabaza, es tan sencilla esta receta que te va a salir, incluso si es la primera vez que haces un risotto. Si tienes dudas, sabes que puedes escribirme. 

Este sandwich de la felicidad te soluciona una comida, pero ya.

Estos rollitos de berenjenas son una fantasía hecha realidad. 

Las albóndigas de merluza fueron un éxito total. Creo que es de las recetas que más han hecho. Eso sí, me lo cuentan  poco. Sé que las visitas a esta entrada son ENORMES y se me las encuentro en persona, siempre me dicen que las prepararon o que un familiar las hizo. Pero por redes jamás me dicen nada. Cuéntenme, que quiero saber. 

Vasitos de crema de pistacho y mermelada de mango, porque a nadie le amarga un dulce.

¡Vivan mucho, amen fuerte, coman rico y brinden por los que no están!

Publicado por aroaaleman

Hablo mucho y casi siempre de comida. Gordapapa profesional.

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