Escribo en libretas. No son ningún diario ni nada por el estilo.
Simplemente me calma escribir sin juzgar lo que va a salir del boli.
Lo cuento como si el boli no lo manejara yo, pero es que te juro que a veces es así: las letras salen, y ya. Y, claro, al leerlas, la única respuesta posible es: «¡Aaaahhh! Ya lo entiendo».
Revisando una libreta de hace un par de años, leo esta frase:
«Quiero hacer cosas bellas aunque no le importen a nadie».

No recuerdo haber escrito eso. Es más, no tengo conciencia ni de haberlo pensado. Pero mira, sí. Eso quiero hacer.
En un mundo que no entiendo la mayoría de las veces, en una vida en la que no sé a dónde voy, pero en la que sigo caminando, quiero crear belleza.
Lo malo es que no soy Velázquez, ni Rembrandt, ni Bach, ni Dolly Parton. Es una pena, la verdad. Me encantaría tener talento —mucho talento— para que esa belleza fuese capaz de emocionar al mundo. Pero, por lo que sea, va a ser que eso no lo puedo hacer.Lo único que hago y emociona a la gente son croquetas.
Así que intento centrarme en mi entorno, que es lo que puedo ofrecer (y no es poco). Me gusta ponerle mimo a las cosas, aunque sean efímeras: una flor fresca en la mesa de la cocina, el libro que me gusta en la estantería de mi habitación, la ensalada en la mesa llena de colorinchis, o el odioso Excel, tan útil como tedioso, al que le pongo las celdas en tonos pastel para animarme a completarlo.
Todo eso se acaba pronto, pues como la vida.Aquí lo único eterno es el cambio
Aunque, la verdad, lo que más bonito me sale no es el queque de limón ni el estofado; son los bebés. Esos me quedan preciosos. Mis gremlins son reversibles: bonitos por dentro y por fuera. Ellos sí que son arte.
«¿Para qué pones el plato bonito si solo es para ti y no lo va a ver nadie?» Es algo que me preguntan mucho.
Y la respuesta es siempre la misma:
«Por eso lo pongo bonito. Porque es para mí».
Te dejo cinco ideas, como cada semana, para que te sientas un poquito artista en la cocina sin necesidad de pelearte con los cacharros. Ya saben que lo mío es fácil, porque para complicada ya está la vida.
Esta pasta con salsa de tomate y calabacín,es de esas recetas que me gustan, porque es sabrosa, barata, sencilla y se prepara rápido, puedes sustituir los oriechette por cualquier pasta que te guste.

Tosta de hummus de remolacha con huevo y aguacate, amo el color que da el hummus de remolacha a cualquier plato. Mi gremlin número 1 dice que la remolacha sabe a bosque y que no le ponga mucha; pero les prometo que este hummus se lo zampa sin protestar.

Risotto de calabaza con calamares , si se te resisten los arroces, prueba con este risotto, si siguen las instrucciones es difícil fallar.

El pollo a la napolitana es celebrado siempre en mi hogar, sobre todo por gremlin número dos. Él a todo le quiere poner tomate y queso, no puedo juzgarlo.

Y de postre o antojo dulce un flan de papaya , sé que no es habitual; pero yo tampoco lo soy.

¡Vivan mucho, amen fuerte, coman rico y brinden por los que no están!