Era la noche de San Juan, mi gremlin número dos era todavía pequeño tenía unos tres años.
Sabía hablar, pero no escribir, podía hacer su nombre y estaba muy orgulloso, pero poco más.
Tenemos una tradición para esa noche, escribimos nuestros deseos, siempre en número impar, los quemamos en el fuego y las cenizas las ponemos en tierra. Siempre lo he hecho, así que ya no me acuerdo cómo, dónde o por qué empezamos este ritual.
Antes de tener a los niños también íbamos a la playa y nos metíamos en la marea esa noche, pero la masificación que hay en la costa es incompatible para mí, con el disfrutar llevando de la mano a uno o dos niños pequeños. Me agobio muchísimo viendo a tres millones de personas por metro cuadrado y sufro al observar como algún cochino no recoge su basura. Mejor en casa.
En la mesa del comedor pusimos un recipiente seguro para quemar nuestros papeles con los deseos, recuerden que siempre en número impar.
Es decir, puedes desear 1,3,5,7 cosas, pero jamás 2 o 4. ¿Tiene esto algún sentido? Para nosotros sí, pero seguramente Carl Sagan no estaría de acuerdo.
En fin, ahí estábamos con nuestros papeles y nuestros lápices ¡ah! Esto también es importante, nunca bolígrafo, siempre lápiz.
Pues eso, lápiz en mano y todos pensando. Le insistí a mi gremlin número dos, que él podía dibujar su deseo. No sabía escribir, pero dibujaba muy bien y eso valdría.
Se quedó pensando con claras dudas y me dijo «¡qué pido! ¡Qué pido!».
Le explico con mi voz de enseñar, que es distinta a la normal;ese tono emite vibraciones de calma, paciencia y entendimiento. Me costó años encontrar esa frecuencia, pero ya puedo sintonizarla cuando quiera; que tiene que ser un deseo importante. Algo que quiera con toda su alma, que sea importante para él.
El miniser se queda un rato meditando su decisión y de repente se le ilumina la cara, aprieta el lápiz y tarda muy pocos segundos en tener su dibujo.
Ya lo tenía claro, por fin sabía su deseo. Le pregunto qué es ese círculo que dibujó y me dijo marcando bien sus hoyuelos con una semisonrisa que era «una sartén de papas fritas».
De esta historia se deducen dos ideas claras que paso a describir:
- Ese niño es mío, no hace falta ninguna prueba de ADN, aunque nació en una cesaría de urgencias horrorosa y no pude verlo salir.
- Esa pobre criatura vive en un hogar cuyos padres se niegan a freír, a no ser que sean estrictamente necesario. Y las papas fritas las veía muy poco, poquísimo.
Normal, me parece normal que el deseo que tenía en el fondo de su corazón era un plato de papas fritas. Hay pocas cosas mejores en la vida.
Siempre que frío papas, pienso en ese pobre niño pequeño soñando con esos bastoncitos dorados y crujientes.
Les dejo cinco ideas para comer esta semana y darle la bienvenida al verano como se merece.
El trío de tortillas era un clásico en los veranos de mi infancia, siempre de sabores distintos dependiendo de lo que hubiera en la despensa y siempre con tortillas delgadas colocadas en torre.

La foto es vieja y ahora la veo fea, tengo que hacerla de nuevo y tener excusas para el shooting.
Amamos en mi hogar la ensaladilla de batata, nos gusta mucho más que la clásica. Y esta semana le añadiría yo unas gambas por encima.

Hace mucho que no hago la ensalada de couscous y salmón , tengo que ponerle remedio a eso pronto, rápida, fácil y nutritiva.

Contramuslos de pollo con pesto de berros, nada más que añadir, Señoría.
Tener un bote de pesto en la nevera en verano siempre te va a dar alegrías.

Y acabamos con un bowl de frutas, que algo que siempre me apetece en época estival y me da igual el momento del día.

Bowl de frutas del bosque
1. Solo tienes que pillar tu yogur natural favorito y dos cucharadas de frutas del bosque congeladas lo trituras bien en la batidora y listo.
2. Por encima le pones la fruta que más te guste. Este lleva coco, kiwi, papaya, plátano, manzana y más frutas del bosquecillo.
¡Vivan mucho, amen fuerte, coman rico y brinden por los que no están!