Me lo encontré en un sitio elegante rodeada de gente más elegante todavía. Esa clase de personas que nunca se ríen de una manera estridente. Pues, de esas.
Se incorporó tarde a la conversación e insistió en presentarse. Sonreí de medio lado y le dije que ya nos conocíamos, pero que era lógico que no me recordara.
Si me escuchan alguna vez esa frase, estén atentos, porque en general suele significar lo mismo sin importar mucho el contexto. La uso con seres humanos que me han visto en más de una ocasión, pero en otro ambiente en el que yo llevaba el mismo uniforme que el resto, aunque mi trabajo fuera otro.
Significa que hablé con ellos sobre temas relacionados con la cultura y que no tuvieron en cuenta mi opinión ni me miraron a los ojos, se ve que lo de llevar uniforme despista. Y me hace gracia que sean los mismos los que me preguntan por mis intereses u opiniones. Se ve que sin uniforme soy más ocurrente o un pizco más interesante.
A todas estas, siempre luché por no tener que ir uniformada, si hubiese querido llevar uno, hubiera elegido una profesión que lo requiriese o usaría pantalón vaquero y camiseta a diario, que viene a ser lo mismo.
Yo adoro elegir mi ropa, supongo que por culpa de tener que llevar un pichi gris, que picaba, durante toda mi etapa escolar. El día que me quité para siempre esa prisión, que era para mí la tela con cuadros, y pude abrir mi ropero cada mañana para decidir qué llevar, sonaron campanas de gloria.
Por eso me cagué en todo lo cagable cuando me dijeron que para aquel trabajo, que tanto me entusiasmaba, debía llevar aquellos pantalones beige con un polo blanco. ¿Un polo? ¿Voy a jugar al golf? No entendía nada. Pero era condición sine qua non, y yo soy muy obediente. No doy lata.
Pues me pongo el uniforme horrible protestando todo el rato y listo, que protestar relaja.
Si hubiera sabido que esas piezas de ropa feas y anodinas me iban a dar el superpoder de distinguir el clasismo, hubiese dicho que sí a la primera.
He repetido las mismas frases a la misma gente llevando ese uniforme y con mi ropa habitual. La recepción de la información ha sido completamente diferente por parte de esas personas, que no me recordaban. Reconozco que me divierte el tema.
No me mortifica nada y me ha enseñado a observar mucho el comportamiento del resto, las miradas hacia otros y la forma de adquirir autoridad.
Es más, si pudiera viajar al pasado y recomendarle algo a mi yo de hace cinco o seis años, le diría que prestara atención a estas situaciones e intentara aprender más.Bueno, también le diría que empezara ya con ejercicios de respiración y que no viera el documental de Tamara Falcón.
Te dejo por aquí algunas ideas para que te alimentes bien y seas capaz de hacerte visible allá donde te apetezca estar.
Siento adoración por este plato de huevos con mucha verdura, porque solo se ensucia una sartén para prepararlos y son tan sabrosos que vas a necesitar pan.

Empieza la temporada de mangos y mangas y pienso dar la lata como cada años usando esta fruta deliciosa para todas las recetas posibles.
Este solomillo con salsa de mango es de esas recetas que hay que tener a mano, puedes congelarlo una vez hecho y sacar el tupper cuando te apetezca.

Si me obligas a hacer una lista con mis sándwiches favoritos, este de chutney de mango con queso estaría en mi top 10.

Este wrap es una manera diferente de comer coliflor, la salsa es irresistible.

Y el verano trae mis frutas favoritas, cuando las veo todas juntas en la frutería, el corazón me estalla de emoción. Esta copa de yogur con frutas la puedo tomar para desayunar, para merendar o de postre. Adoro la combinación de sabores.

¡Vivan mucho, amen fuerte, coman rica y brinden por los que no están!