Fortunas, arroz a la cubana y los documentales de La 2

Llegaba a casa con una bolsa transparente llena de monedas, al entrar a la habitación escuchaba cómo sonaban al chocar unas con otras y levantaba la cabeza como un perrito cuando oye que su dueño saca las llaves de casa. 

Era mi turno; por fin había llegado el momento que tanto me gustaba. Tiraba sin mucho cuidado todas esas monedas al suelo, en ese pequeño cuarto para ver la tele que, para mí, era el ala este de una mansión. Es lo que tiene ser diminuta y tener cinco años: las dimensiones son subjetivas.

El suelo se llenaba de círculos de todos los tamaños y yo los clasificaba en columnas perfectamente alineadas. 

Aquí las de cinco pesetas, ahora las de 25 pesetas, ahora los 20 duros…¿por qué esta moneda es diferente y tiene la cara de otro señor? 

Hacía mil preguntas, una detrás de otra en lo que colocaba mi tesoro en el orden correcto. Mi pobre tío, siempre tan paciente conmigo, con esa sonrisa preciosa debajo de un bigote enorme me contestaba sin mucha oratoria. Siempre con frases cortas, contundentes y precisas. Casi eran sentencias. 

Ese ritual se repetía cada semana, él tomando el postre en el sillón, una natilla de un tono de amarillo que jamás dará la naturaleza, a la que le añadía una galleta de desayuno. Yo organizaba monedas y parloteaba como la cotorra que siempre fui, y de fondo un documental de la dos. 

Ver esas filas brillantes, metálicas, en orden casi militar me relajaba tanto, que cuando ya había terminado mi tarea, las tiraba como Godzilla hacía con los edificios de la ciudad, solo, por el placer de comenzar de nuevo mi tarea.

Para mí, mi tío tenía uno de los trabajos más importantes del mundo, no tenía muy claro lo que hacía, pero tenía que ser importantísimo, prioritario para la humanidad. 

La información que tenía con 5 años era que trabajaba en una empresa relacionada con el mundo fotográfico, que conocía a mucha gente -muchísima- y que traía TODAS esas monedas cada día a mi hogar.

Me sentía como el tío Gilito cuando se metía en su caja fuerte y nadaba entre sus ahorros como si estuviera haciéndolo en una piscina. Pura abundancia, un tesoro

Muchos años después -no pienso decir cuántos porque me da vergüenza reconocerlo- entendí que mi tío era repartidor en la empresa. Iba con su moto repartiendo el material del estudio fotográfico por toda la ciudad.

Y fue importante, tanto que marcó rasgos de mi personalidad para siempre. 

Me enseñó que cuatro monedas de veinticinco pesetas eran igual que 20 duros, que el cálculo mental es primordial, que ser leal a los amigos y a la familia es lo único importante, que lo único que cuenta en esta vida son los hechos (las palabras se las lleva el viento) y que escuchar con atención y mimar es la manera más rápida de conectar con alguien al que amas. ¡Aaaah! Y que cortando en trozos pequeños los ingredientes del arroz a la cubana y mezclándolo todo está mucho más rico.

Lo que yo te diga: una persona clave para la sociedad. 

Les dejo por aquí cinco ideas para comer esta semana que estarían aprobadas con este ser humano que preparaba unos huevos moles impresionantes.

Los champiñones rellenos de jamón y queso no dan nada de trabajo y sí muchas alegrías.

Si va a hacer esta caldereta de final de mes, será mejor que compres pan, la vas a necesitar.

Esta pasta con tomate y guanciale no tiene mucho misterio, pero es lo que sencillo siempre funciona.

Un bocata en verano siempre es una opcional genial, sobre todo si te toca ir a la playa o de picnic y Y este de solomillo de cerdo con manzana verde es una fantasía subtropical.

Y no voy a dejar a nadie sin postre, no se me ocurriría.

Estoy segura de que esto es pecado, pero hay cosas por las que vale la pena hacer penitencia.

Pan brioche, Nutella, plátanos caramelizados o lo que es lo mismo, felicidad.

¡Vivan mucho, amen fuerte, coman rico y brinden por los que no están!

Publicado por aroaaleman

Hablo mucho y casi siempre de comida. Gordapapa profesional.

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