“Cuando el discípulo está preparado, aparece el maestro.”
Esta frase tan zen y mística es, para mí, algo real y tangible.
Estoy intentando recordar cuándo fue la primera vez que tuve la certeza de estar frente a lo que sería una mentora para mí, y creo que lo tengo claro.
Llegó Laura. No acudí a ella como guía; yo buscaba consejo de una amiga suya, pero me bastó escucharla hablar cinco minutos para entender que había puesto el foco en la persona equivocada.
Acumulaba en su cabeza la sabiduría de sus ancestros, que habían dedicado toda su vida a escuchar el dolor ajeno e intentar calmarlo. Ella no partió de cero: en sus primeros años de vida estuvo rodeada de gente muy mayor y con mucha experiencia vital encima. Creo que, a los diez años, ya había escuchado más sobre filosofía y teología que muchos universitarios.
Y, claro, eso se nota.
Siempre fui muy cerrada y me costaba muchísimo contar lo que me preocupaba de verdad, pero con ella no era así. A la primera de cambio ya estaba llenándole la cabeza con un dramón importante, problemas de esos que te paran la vida en seco y te dejan en ruinas.
Me escuchó, me ubicó, me regaló tres frases me ahorraron meses de terapia y me lanzó al mundo. Me recordó que la podía llamar cuando la necesitara.
Y eso hice, y sigo haciendo. Laura siempre está cuando la necesito.
A lo largo de estos 20 años de relación he tenido muchas conversaciones con ella. Siempre son profundas; rara vez hablamos de algo superficial.
La respeto y pongo en tan alta estima su opinión, que ha condicionado algunas de las decisiones que he tomado en mi vida.
La última vez que nos vimos me tiró de las orejas. No tengo problema con las broncas; las acepto de buena gana si son lógicas.
Después de escuchar sus argumentos para ponerme firme, le di la razón. Era verdad lo que estaba diciendo: ni una mentira dijo.
¿Me jodió que tuviera razón? Mucho.
Porque prefiero tener razón yo, pero no tocaba.
Así que me tocó recalcular. Y en ello estoy.
El otro día alguien me dijo que una conversación que tuvimos hace más de diez años cambió parte de su destino profesional. Me quedé helada.
No tenía ni idea de que lo que, para mí, había sido una charla espontánea entre colegas hubiese supuesto para esa persona un cruce de caminos.
Obviamente, el motor para ese cambio ya estaba dentro, y lo único que hicieron mis palabras fue encender la chispa. No tiene ningún mérito por mi parte.
Pero me abrumó la sensación de cargar con el peso de mis palabras. Yo no quiero esa responsabilidad; además, con todo lo que hablo… ¡a saber lo que dije!
Me prometí a mí misma que iba a prestar mucha más atención a las frases que les dedicaba a los demás. Me preocupa mucho meter la pata y que me culpen de un divorcio o de terminar viviendo debajo de un puente. ¡Si yo no doy nunca consejos! No me gustan.
Siguen apareciendo en mi vida mentores y mentoras, principalmente porque me queda mucho por aprender, y no me voy a cansar de agradecerlo.
Les prometo que no van a necesitar a ninguna maestra para hacer las recetas que les voy a compartir como inspiración para esta semana. Son todas sencillas y salen a la primera.
👉🏾Hay que aprovechar que todavía quedan higos en las fruterías y preparar esta maravilla.

👉🏾Las tortitas de brócoli engañan bien, no es la verdura favorita de mis gremlins, de hecho, no les gusta nada de nada. Y así, al menos, no oigo protestas, por parte del otro adulto de la casa tampoco.

👉🏾Los mil usos que tienen las típicas tortillas mexicanas son siempre útiles. La idea de hacer saquitos con ellas y rellenarlas es más vieja que yo, pero siempre es resultona.

Si no te apetece ponerte a hacer manualidades, rellénalas, doblarlas a la mitad y tuéstalas así.
👉🏾Tengo un antojo ASÍ DE GRANDE de arvejas, así calentitas. Y las estoy enseñando por todos lados para animarme a hacerlas de nuevo. En mi hogar solo me gustan a mí, me tocará darme el capricho.


👉🏾Y en esta época me apetece siempre preparar un queque de limón con lemon curd por encima. En breve empezaré con los postres de manzana y canela. Así que habrá que aprovechar.
¡Vivan mucho, amen fuerte, coman rico y brinden por los que no están!