Miedo, cobardía y trufas

He perdido el tiempo por miedo. Si es que soy una simplona.

No hablo del miedo racional: ese que te impide acercarte a un tigre para que no te coma, o que te salva de terminar ahogado cuando hay fuerte oleaje. Ese miedo es necesario, está genial y hay que escucharlo.

Hablo del miedo absurdo y paralizante, el que se basa en creencias sin evidencias o, simplemente, en el temor al terreno desconocido.
Ahí he estado perdida yo durante años. Me contaba unos cuentos tremendos sobre el tema. Y como soy tan buena argumentando, claro, me convencía a mí misma de que todos eran reales y necesarios.

¡Y una caca de la vaca!
Era solo eso: miedo.

Este año hice algo que me daba pánico y que había intentado ignorar —o decir que no era para mí— durante años, cuando en mi interior sabía que sería mi destino.

En dos ocasiones me había propuesto hacerlo, pero tiraba de la lista de pros y contras y dejaba el asunto para otro momento, otro mes, otro año.

Bueno, lo hice.
¿Y saben qué sentí al hacerlo? Libertad.

El miedo no estaba por allí. No vino ese día. No sé si lo gasté sobrepensando durante todos estos años o qué fue lo que sucedió. Pero estuve atenta, esperando a que apareciera, y no lo sentí por ningún lado.

¿Cómo puede ser eso posible?
Fue como si mi cuerpo supiera que esa era la decisión que quería tomar, que aquello formaba parte de mi camino y que ahora tocaba andarlo. Así, natural, sin expectativas.

¿Y todo el tiempo que me imaginé el asunto temblando de miedo?
¿Y la sensación de desamparo que había imaginado que iba a sentir?
¿Y el temor a la incertidumbre?
¿Dónde estaba todo eso?

Me vi libre, tranquila y firme. ¡Manda narices!

Si es que me sé el cuento de memoria: después del miedo viene todo lo bueno.
¿Por qué esperé tanto?

Ya, ya… la respuesta también me la sé:

  1. Porque soy idiota.
  2. Porque las cosas suceden cuando tienen que suceder, ni un día antes ni uno después.

Espero que me deseen suerte en mis nuevas aventuras y que me dure siempre esta sensación de ser la capitana de mi propio barco pirata.

Les dejo ideas por aquí para que disfruten el final de este año por todo lo alto.
Cerrar ciclos no admite miserias: aquí hay que darlo todo.

El cerdo glaseado las fotos no le hacen justicia, porque no llegué a poder fotografiar la corteza, queda DIVINO.

Estos pimientos rellenos para mí son un plato de fiesta son sorprendentemente sabrosos para el poco trabajo que llevan.

La lasaña es un plato que siempre se aplaude y esta versión con calabaza y verduras es sugerente, ligera y deliciosa.

La versión rápida de curry rojo es un acierto insisto y ustedes no me hacen caso. ¡TIENEN QUE HACER ESTE PLATO!

Las trufas son un clásico por algo, no da lugar a error. Una trufa siempre apetece.

Publicado por aroaaleman

Hablo mucho y casi siempre de comida. Gordapapa profesional.

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