Sin soñar, pero con estofado

Hay sueños que no sabes que tienes.
Supongo que es porque, para poder desearlos, tienes que ser capaz de sentir que te los mereces.
Fuerte tema.

No pienso ponerme profunda ahora a reflexionar sobre esto, porque soy una persona mayor y necesito ir a hacer deporte para seguir funcionando. Pero, vamos, que indagar en esa idea me apetece, aunque lo dejaré para otro día. A lo mejor, uno en el que pueda tener un vermut en la mano.

No sé si el merecimiento es algo aprendido o innato, y poco importa el origen. Lo que quiero es cambiarlo.

El otro día alguien me preguntó por qué no hago planes a largo plazo, por qué no tengo ningún plan que implique organizar algo para dentro de un año. Y la respuesta la di rápida y veloz.

He perdido a demasiada gente cuando se supone que no le tocaba, me he enfrentado más veces de las que me hubiese gustado a momentos de esos en los que crees que tu vida se viene abajo, así, sin aviso ni nada, de la noche a la mañana. ¡Con lo que a mí me gusta controlar! Pues nada, por lo visto, las tragedias no avisan. Una caca.

Después del segundo o tercer apocalipsis —ya no me acuerdo de cuándo fue, porque se me dan fatal las fechas— me dije a mí misma: «Mí misma, no planees más, porque la vida te lo tira abajo sin pestañear. No vale la pena. Aprovecha el momento y listo».

Y he sido feliz así, muy feliz, sin sueños de esos grandes que alcanzar ni una meta gigante a la que dirigirme. Me he dedicado a observar la marea que venía e intentar que la ola no me revolcara. Alguna vez hasta la pillaba y me dejaba suavemente en la orilla.

Pero ahora… Buf, ahora no sé si quiero tener algún objetivo a largo plazo; ahora no tengo claro si quiero soñar con cosas importantes; ahora no sé si sabría hacer algo así.

Total, si ya había aprendido un poquito eso de gestionar la incertidumbre, ¿me voy a poner ahora a planificarme?

En fin, con los menús eso no me pasa, ¿ves? Eso es sencillo para mí: en cinco minutos se me ocurren los platos para la semana con lo que hay en la despensa y en la nevera, sin sufrir, sin tener que dedicarle mucha energía, sin tener que gastar demasiado. ¡Ojalá se me diera igual de bien organizar así el resto de aspectos de mi vida!

Pero se ve que mis talentos son limitados, muy limitados.

Te dejo cinco ideas para zampar esta semana si eres de las que se pasa los domingos preguntándose eso de: ¿qué coño voy a preparar de comer?

Este salmón se hace en nada y en menos , queda jugoso y el único esfuerzo que vas a hacer es el de pelar las gambas.

Rellenar champiñones es una de mis aficiones y esta tosta con esa salsa de pimientos es perfecta para combinar su sabor con el queso.

Esta crema con batata, zanahoria y calabaza es más conocida en mi hogar por “el puré naranja”, el favorito de mis gremlins y el que más veces repetimos.

Un estofado SIEMPRE apetece y si es con tiempo fresco, más todavía.

Amo el lemon curd y la tarta de queso, ya si me unes las dos cosas, pues mejor todavía.

Es de las pocas tartas a las que no me puedo resistir. ¡Y eso que soy gorda de salado!

¡Vivan mucho, amen fuerte, coman rica y brinden por los que no están!

Publicado por aroaaleman

Hablo mucho y casi siempre de comida. Gordapapa profesional.

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