Triste, ansiosa y empanadillas

Cuando estoy triste o ansiosa —a veces las dos condiciones se dan a la vez— hay tres cosas que hago de manera automática:

  1. Busco entrevistas de mis divas favoritas en YouTube (mi concepto de diva es muy amplio: va desde Lola Flores a Guillermo del Toro, pasando por Dolly Parton e Isabel Allende).
  2. Busco casas antiguas espectaculares en venta; modernas no me valen (tienen que estar por mi zona y darme las vibras de tener fantasmas de varios siglos dentro, me encantan).
  3. Veo pelis o series que ya he visto y sé cómo me van a hacer sentir.

Estas actividades tienen el mismo efecto en mi sistema nervioso: lo calman de manera automática. Mejor que tomarme dos tilas o un chupito de tequila.

Si es que soy independiente hasta para equilibrarme, no molesto a nadie.

Escuchar a mis divas hablar de sí mismas, con esa convicción que tienen las personas que han sobrevivido a todo y se han inventado a ellas mismas, me apasiona. Son una fuerza de la naturaleza y todas tienen algo en común: una fe inquebrantable en que su destino era mostrar su arte.

Meterme en portales inmobiliarios y ponerme a buscar casas señoriales que tienen siglos —muchas, casi en ruinas— me permite centrarme en detalles y poner la atención en cada foto sin pensar en nada más. Es un ejercicio de atención plena genial para mi mente de naturaleza ansiosa.

Y ver pelis antiguas conecta con alguna parte de mi cabeza que no acepta coger el móvil si estoy viendo la tele. Supongo que porque las vi antes de que existieran estos aparatos que nos roban la energía —tengo más años que un árbol—: es escuchar el doblaje de aquella época y ponerme a mirar la pantalla sin casi pestañear.

Cocinar tiene el mismo poder sobre mí, pero solo si no grabo la receta.
Esa es la razón por la que no enseño ni la mitad de lo que cocino; no me relajo igual si grabo.

Al ponerme a cortar, preparar los ingredientes, prestar atención al olor de las especias, elegir los platos en los que sirvo… justo ahí entro en una especie de meditación de la que no salgo ni con el agua fría del fregadero al lavarme las manos.

Dejo de escuchar, aunque alrededor solo haya bullicio. Todo se queda en silencio. Es igual que cuando metes la cabeza en el mar, justo es el mismo silencio.

No te puedo prometer que vayas a sentir eso al hacer algunas de las recetas que te propongo para esta semana, pero sí que vas a comer muy rico y que no vas a complicarte la vida.

Estas empanadillas de carne son inolvidables.

Estos mini Lahmacun mi amiga Hande los denomina “la pizza turca” y hechos así son el aperitivo perfecto.

La ensalada con fideos de arroz que más veces repito en mi hogar.

Una humilde lata de sardinas y a disfrutar como una niña chica.

Natillas de dulce de leche en menos de 15 minutos.

¡Vivan mucho, amen fuerte, coman rico y brinden por los que no están!

Publicado por aroaaleman

Hablo mucho y casi siempre de comida. Gordapapa profesional.

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