Un pastor y un pollo entero

Se acercó y nos preguntó con mucha educación y con las manos detrás de la espalda que qué hacíamos allí y qué era ese puesto en medio de la plaza.

Le explicamos que era un punto de información turística y nos dijo que estaba esperando a su novia.

Era un señor con más aspecto de abuelo que de novio, le sonreí y le dije que hacía bien en esperar a su novia, que a las novias siempre hay que cuidarlas.

Me miró de medio lado y me dijo que tenía 83 años y que llevaba 70 junto a esa mujer, que era maravillosa. Me confesó que llevaba mucho tiempo casado, desde siempre, según él; pero le gustaba llamarla su novia, porque era como se sentía.

Tenía que hacer tiempo hasta que la muchacha terminara el trámite en el ayuntamiento y nos dijo que si podía esperar allí con nosotros.

Obviamente le dijimos que sí y le dimos conversación.

El señor nos contó que había sido pastor de niño, que pasó un poco de hambre en su infancia, porque le daban a su madre el saquito de gofio para el mes y el resto se lo tenían que buscar ellos con el pastoreo y eran épocas muy duras.

Desde que tuvo cuerpo para andar más se buscó otro trabajo, tardaba caminando dos horas todos los días a su nuevo puesto. Y a veces llegaba y le decían que ese día no había trabajo para él y tenía que volver. Le tocaba entonces otras dos horas de camino de vuelta sin una peseta en el bolsillo.

Nos confesó que no vio un pollo entero en la mesa hasta que tuvo 30 años y que recuerda a el momento con toda nitidez. Ahí, en la mesa había un pollo entero asado para dos personas, se le salían los ojos de las órbitas. Se lo zampó a dos manos y sin casi respirar.

Conseguir carne cuando él era joven no era fácil para alguien de su posición y cuando pudo prosperar a base de trabajar mucho disfrutaba en el mercado comprando un poco para el domingo.

Narraba con los ojos muy brillantes que todavía se emociona cuando pasea por el supermercado con su novia y ve pollo, gallina, cordero, cerdo y vaca en el mismo estante de la zona de carnicería y le sigue asombrando tanta abundancia al alcance de su mano.

Le dije que le habían tocado tiempos muy duros y sobrevivir a eso no tuvo que ser fácil. Y me dijo algo en lo que pienso muy a menudo.

Afirmó que era durísimo tener que caminar tanto a diario para ir a trabajar, hacer la jornada laboral y volver a casa un ratito a pie y otro caminando y,claro,comer lo que hubiera, porque tampoco se podía elegir. Pero le parece que en aquella época todo era más sencillo y que los que lo tenemos difícil somos nosotros ahora.

«En una jornada hoy en día pasan muchas cosas, todas muy rápido y todas parecen urgente. Una sola persona hace el trabajo de tres y la cabeza está pensando todo el día, sin descanso. Nosotros pensábamos menos, porque teníamos menos tareas y las cabezas descansaban más. Mírame a mí, tuvo muchos años de trabajo físico muy duro desde que era niño y estoy bien. Ahora la gente se enferma muy joven, porque el estrés los destroza. La cabeza si no descansa enferma al cuerpo más rápido que trabajar llevando cabras todos el día por el barranco».

Lo miré con los ojos muy grandes e intenté memorizar su cara, desde luego no parecía alguien de 83 años, cuando hablaba de la comida lo hacía como la gente que ha pasado hambre. Y esa alabanza a la vida sencilla a pesar de las penurias me parecía pura verdad.

Miraba la puerta del ayuntamiento con atención por su su novia salía. Nos dijo que eso sí que lo envidiaba de la actualidad. Las relaciones amorosas. Él se enamoró de su novia con solo verla, cuando todavía eran adolescentes, pero no podían verse en público, porque eran otros tiempos y se hacían señales secretas para avisarse de que iban a pasar cerca de su ventana para poder verla de soslayo al pasar por su calle y soñaba toda la semana con el momento en el que podía ir a saludarla. Me dijo que todavía la miraba y no se creía que esa mujer hubiese elegido a aquel pobre pastor para hacer su vida.

De repente se puso firme, como los perritos cuando escuchan un sonido familiar y nos dijo «Ahí viene mi novia, les dejo. A la novia no hay que hacerla nunca esperar. Eso tienen que aprenderlo, porque si no no van a durar 70 años con ella».

Juro que cada vez que voy al super y veo un pollo me acuerdo de este señor, este niño pastor que no vio un pollo entero en la mesa hasta que tuvo 30 años.

En su honor y en la lección que me dio sin él quererlo les voy a hacer una recopilación de recetas con pollo o pavo que les va a alegrar el alma.

Empiezo por el pollo asado básico en mi hogar, el de siempre, el de cuatro ingredientes y pura jugosidad, ese. Pues se los dejo aquí, tiene todos los trucos escritos para que les salga perfecto.

Este solomillo de pavo con salsa de higos es un espectáculo, de esos que te hacen creer que estás en un restaurante en vez de en la cocina de casa. Aprovechen antes de que desaparezcan los higos del mercado.

El pollo a la napolitana siempre fue de los platos favoritos de mi hermana cuando era pequeña y yo se lo preparaba solo para ver la cara de fiesta que me ponía al decirle lo que tocaba para comer ese día.

Este guiso de contramuslos de pollo con berenjena tiene todo lo que me gusta, solo necesitas un caldero, la salsa es pura verdura y está más rico al día siguiente.

Y para cerrar el asunto este pollo casi Shawarma que queda sabroso, tierno y va genial para rellenar lo que te dé la gana. Así si eres tan caprichosa como yo te servirá de mil manera.

Prometo que el próximo homenaje se lo hacemos a una verdura, acepto sugerencias.

Publicado por aroaaleman

Hablo mucho y casi siempre de comida. Gordapapa profesional.

2 comentarios sobre “Un pastor y un pollo entero

  1. Muchas gracias, Aroa. Me ha emocionado la historia del pastor y su novia. Cuánta razón tiene en que ahora nos complicamos mucho la vida.Me encantan las recetas que has compartido hoy. El pollo es nuestra «carne» preferida.Una duda, al pollo al horno le vas dando la vuelta o lo haces sin moverlo. Aunque me gusten muchísimo los guisos, al sentarme fatal el ajo y la cebolla sólo lo hago al horno o a la plancha.Pero siempre me queda seco, voy a utilizar tu truco de la mantequilla sobre las pechugas. Un fuerte abrazo brujil 😉Mariajose Melendez  Enviado desde Yahoo Mail con Android

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    1. En mi horno no hace falta darle la vuelta, pero porque es relativamente nuevo y va genial. En los antiguos hornos jejeje, he vivido en muchas casas de alquiler, tenía que girarlos, no en plan darle la vuelta, sino girar la parte derecha a la izquierda y viceversa, porque no repartía el calor igual. Es cuestión d e ir conociendo el tuyo. Pero te prometo que con el limón dentro y la mantequilla en la pechuga queda extrajugoso. Y supongo que ya habrás probado un truco con el ajo, pero yo te lo escribo por si acaso. Yo no lo tolero crudo, me sienta fatal, así que siempre, siempre, pero siempre lo blanqueo antes de usarlo de cualquier manera. Lo pongo en un taza con agua que cubra el diente de ajo partido a la mitad y sin el germen, unos 30 o 40 segundos. Así se blanquea, la potencia desaparece, ya no repite nada, pero queda el gustito muy suavizado.

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