“Hablas todo el rato de la muerte” me dijeron el otro día.
Y sí, sí que lo hago. Para mí hablar de la muerte y de la vida es lo mismo. Es más, vivo mejor, porque tengo presente todo el rato que aquí estoy de paso.
Y, claro, así es más sencillo no tomarse las cosas a la tremenda, porque total, no vamos a salir vivos de esta.
El famoso “memento mori”, ese tópico latino que nos dice que tenemos que recordar que vamos a morir, a mí me ayuda a vivir; pero sé que hay personas a las que les causa ansiedad y tristeza. Piensan eso de ¡Para qué demonios voy a luchar si me voy a morir! ¿Dónde está el sentido?

Pues en ningún lado, Fefa, el sentido no está en ningún lado, ni se le espera. Pero yo pienso divertirme todo lo que pueda en el camino, largo o corto, que me toque.
Elizabeth Kübler-Ross, alguien a la que admiro profundamente y a la que te animo a conocer, si es que nunca has leído nada suyo; decía esto de aquí:

Esta señora de la muerte sabía un rato largo, se paso su vida cuidando y ayudando a que los pacientes de cuidados paliativos tuvieran una despedida digna y escucho muchos testimonios de personas que habían estado clínicamente muertas.
Todas contaban las mismas cosas y tenían arrepentimientos muy parecidos, porque al final los seres humanos somos un poco lo mismo, aunque nos empeñemos en hacer grupitos diferenciados.
Según sus investigaciones, en ese momento decisivo en los que estamos a punto de morir y que tanto se parece al nacimiento, la mayoría de los entrevistados se arrepentían de las siguientes cuestiones:
- Muchos se arrepienten de haber trabajado demasiado.
- Haber sufrido mucho por cosas y problemas de la vida, que realmente no eran tan importantes.
- Otra queja que asoma es no haber sabido disfrutar más de la vida.
- No haber dedicado más tiempo a la familia.
- Otros decían: ojalá hubiera tenido el coraje de hacer lo que realmente quería hacer y no lo que los demás esperaban de mí.
- Finalmente, otros lamentaban no haber sabido tener una espiritualidad más sólida, que les diera respuesta a los grandes interrogantes de la vida.
Yo no quiero que me pase eso y como no sé el tiempo que tengo para poder disfrutar de esta existencia, intento recordarme a menudo que nada es tan importante como creo, que casi todo tiene solución, que amar es lo único importante y que las croquetas hay que freírlas en abundante aceite bien caliente.
No creo que me haga falta poner un mosaico con la calavera y el reloj de arena en la entrada de mi hogar para recordarme la fugacidad de la vida ni tatuarme el «tempus fugit» a tamaño futbolista de primera división en la espalda. Pero sí que me escribo mantras a mi misma para que no se olvide lo importante.
«Fefa, de esta no sales viva, así que relájate un poco» es de mis favoritas. Sí me llamo a mi misma «Fefa», cuando se me va la pelota con pensamientos catastrofistas y mi famoso «Al final todo sale», que me repito cada vez que me meto un proyecto que a priori me parece inabarcable.
¿Cuáles son tus mantras? ¿Fríes las croquetas en abunda aceite bien caliente?
En cualquier caso, voy a dejarme ideas para cocinar esta semana y convertir tu hogar en el paraíso que te mereces, en la gloria te vas a quedar.
Los nuggets caseros que llevo haciendo desde hace más de diez años y que he obligado a cocinar a todos los que tengo alrededor.

Las tortitas de brócoli, la única manera en la que el señor letrado con el que vivo coma brócoli sin protestar como un niño chico.

Esta ensalada con manga, pepino y cebolla roja es sencilla, sabrosa y cae genial siempre.

Las sardinas al horno, la única manera de que yo cocine este pescado en casa sin protestar por el olor.

Y como a nadie le amarga un dulce, te dejo las trufas con sabor a galletas Lotus que son un pecado mortal.

¡Vivan mucho y muy fuerte! ¡Ah! y si pueden, coman croquetas.
Desde la primera hasta la última las palabras de esta letter….todo altamente útil y aprovechable jijijiji Feliz semana Aroa 🫶🏼
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Muchas gracias por el apoyo 😍
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