Tocarme el moño y las gambas ilegales

La semana pasada le expliqué a un familiar lo que significa FOMO (fear of missing out), que viene a ser el miedo a perderte cosas. 

Me miró sin entender muy bien el asunto y le insistí que era esa ansiedad que te genera el saber que te estás perdiendo el concierto al que querías ir, el evento al que quieres asistir o no ir al Carnaval. O bueno, estar en el Carnaval, pero sabiendo que te perdiste aquel estreno de teatro o la fiesta de aquella amiga y tener esa sensación constante de que no estás en los sitios en los que “hay que estar”.

Me miró y me dijo que ya ir al Carnaval es algo lo suficientemente guay y que no se puede estar en dos sitios a la vez, para qué se iba alguien a mortificar pensando que eso es poco. 

Ya lo sé, si visto desde fuera esos problemas del primer mundo son absurdos. Pero le dije que me parecía lógico y racional esa especie de desazón por falta de asistencia a eventos sociales, porque luego no paras de ver imágenes en redes de cada una de esas actividades. Y, claro, culo veo, culo quiero.

El problema es que de tanto querer cosas no disfrutamos de verdad las que poseemos. 

La rueda va tan rápido y a tal ritmo que, por lo visto, lo que hay que hacer es contar, comprar y producir. 

Hay gente contando los libros que lee y poniéndose como reto una cantidad exacta. Me cuesta mucho ver ahí el disfrute o el objetivo. ¿Cuál exactamente? ¿El decir a final de año me leí 30 libros? ¿Y qué? 

A mí me interesa saber cuál de esos libros te impactó tanto que todavía resuenan algunos párrafos en tu cabeza.

¿Hay alguno que te cambió la vida? 

¿Dejaste uno a la mitad porque era infumable? ¿Eres de las que siempre se los termina aunque sean basura? 

¿La cantidad importa ahí? 

Ahora mismo estoy leyendo un ensayo sobre el tiempo escrito por una relojera e historiadora y es una bestialidad. Se llama «Las Manos del Tiempo”.

No sé definirlo de otro manera, es una bestialidad. La de documentación que tuvo que consultar para escribir algo así su autora, me aturulla.

Y no es por los datos que maneja, que también; es la manera tan hermosa y delicada que tiene de hacer un análisis en profundidad sobre la medición del tiempo y el avance de la ingeniería que supuso el primer reloj hasta la actualidad.

La autora, Rebecca Struthers, es una artesana de la relojería, de la restauración y de la escritura. 

A mí este ensayo me sabe a esos hojaldres con mil capas que se deshacen al morderlo y que son pura mantequilla, trabajada durante horas para obtener algo completamente distinto. 

Sus textos son un minucioso acercamiento a toda la filosofía y la ciencia que hay en la capacidad de medir el tiempo.

¿Me interesaba a mí el mundo de la relojería antes de este libro? 

No, ni un poquito. Es más, nunca llevo reloj. 

¿Pienso volver a leer este libro cuando lo termine? 

Todavía me quedan cien páginas y es algo que tengo claro. Necesito una segunda lectura.

Si me leo este libro dos veces seguidas en esas listas de lecturas anuales que hacen por ahí lo cuento como uno o como dos libros. Tengo esa duda.

Hay una frase que se le atribuye a Galileo que dice “mide lo que se pueda medir, y lo que no se pueda medir, hazlo medible”.

Obviamente no tengo problema con contar los libros, me preocupa el fin con el que se hace. Todo tiene que ser productivo, absolutamente todo. Tenemos que estar produciendo hasta con nuestras aficiones. 

Todo el rato haciendo cosas, contando que hacemos cosas y diciendo que vamos a parar de hacer cosas. 

Me da la impresión de que nos pasamos la vida prometiéndonos a nosotros mismos bajar el ritmo y rompiendo nuestra promesa una y otra vez. 

Apuntando en las notas del móvil frases motivacionales que repetimos como mantras; pero que en ningún caso aplicamos a la vida diaria.

Y yo solo quiero hacer cada vez menos cosas y las pocas que elija hacerlas con intención, completarlas, dejar tiempo entre tareas y diseñar rituales que me sirvan para hacerlo todo cada vez con más tranquilidad. 

Llegar al final del día y decir “¡Fue un día genial he estado tranquila! Lo poco que hice lo completé y sé que está bien, mañana es otro día”. Sin el runrún mental de “me falta por terminar…”, “vaya caca de la vaca no hice…”, “me quedé sin contestarle a…”.

Todos esos pensamientos me agotan más que tener que doblar la pila de calcetines pequeñitos que tengo esperándome sobre el sofá. 

Ejecutar cansa mucho menos que pensar o sentir que no llegas a nada.

Así que me he propuesto hacer menos y contarlo, porque, total, el culo veo, culo quiero es obvio que funciona y a lo mejor a alguien más le viene bien el asunto.

Me he buscado hasta un hashtag, que no sé muy bien para qué sirven, pero me lo he buscado #hazmenos. E invito a todo el que quiera a enseñarme sus tareas y tiempos con intención y pausa entre tareas.

Me apasiona la idea de recibir fotos de gente al final del día diciéndome «no estoy agotada, he acabado el día bien».

¿Te imaginas la gente presumiendo de descansar lo suficiente? ¿Te imaginas?

¿Te imaginas que eres tú la que mide tus tiempos?

Bueno, yo pongo mi granito de arena y es el dar ideas para comer rico durante la semana y así quitarte de la cabeza el queconiiiiovamosacomerhoy y así tienes algo menos en lo que pensar, porque eso está solucionado.

Una manera diferente de comer verduras con cacahuetes y leche de coco.

Siempre es buen momento para unos calamares en salsa ¿no? Esto no tiene horario ni fecha en el calendario.

Si no has probado la coliflor así, ponla en tu lista de prioridades. En serio, márcate un día en el calendario para prepararlas, lo vas a flipar. Esa salsa es irresistible.

Esta es la única manera de que algunos miembros de mi hogar coman brócoli. Estas tortitas se las zampan sin protestar.

No sé si estas gambas Bang Bang son legales; lo que tengo claro es que una sola no te puedes comer.

¡Vivan mucho, amen fuerte, coman rico y brinden por los que no están!

Publicado por aroaaleman

Hablo mucho y casi siempre de comida. Gordapapa profesional.

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