Me dijo alguien a quien quiero mucho y que sé que me quiere que soy muy valiente.
Puse cara de asombro, cuando hago eso los ojos se me abren tanto que parezco un muñeco kawaii de esos que imprimen en la papelería cuqui, negué con la cabeza e insistí que yo nunca he sido una tía que arriesgue mucho, que soy muy tranquila.
Luego me puse a pensar que lo contrario a valiente no es tranquila, es cobarde.
Dos días estuve pensando sobre el tema, déjame en paz, reflexiono lento.
Hice un listado mental de las cosas a las que había sobrevivido. No pienso ponerla aquí entera, me da vergüenza. No tengo mucha, pero la justa para no exponer en público mis miserias enumeradas. Pero cuando llegué al punto que decía “sobreviví a la ruina económica”, se me encogió la garganta.
Recordé aquél día en que como Escarlata O’hara me prometí a mi misma con el puño en alto que jamás, volvería a pasar por algo así y que iba a ser la última vez en mi vida que lloraría contando céntimos. Tenía claro que iba a conseguir mi hogar, mío, con todas las letras y cuatro paredes.¡Toma ahí lujo!
Luego le llegó el turno a la operación, el día 27 de mayo hizo 4 años que pasé por una artrodesis cervical un poco chunga de más.
Bueno, estoy siendo amable para no dar más detalles. Pero el resumen es que se me salió una de las tres hernias que tenía en el cuello y era tan enorme y horrorosa que me presionaba todos los nervios de la mano derecha. Es decir, el infierno.
Hay días que tengo borrados del dolor a pesar de que llevaba parches de fentanilo, sí como los adictos, sin ser nada de eso yo. A mí esos parches por lo que suspiran los que quieren huir de sus problemas no me hacían nada de nada. Los corticoides fueron mis amigos hasta que llegó la operación, sola, muy sola. Todavía había protocolo COVID y no dejaban pasar a nadie, rellené los papeles del ingreso con la mano izquierda, porque la derecha no me servía ni para coger un lápiz. No fue fácil porque no soy zurda y el dolor del demonio no ayudaba.
Ese día, con el cuello abierto descubrieron que mi yugular no tiene la forma anatómica normal ¡cómo iba yo a tener algo normal! Y, claro, fue un susto, porque digamos que apareció cuando no le tocaba y se llevó un rasguño. Una fiesta continua. Ahora, creo que el neurocirujano no se va a olvidar de mí ni de mi yugular en la vida. Yo lo tengo siempre presente, sobre todo en mis oraciones. Gracias a él tengo cuello, brazo y yugular. Es que no me apetece vivir sin nada de eso. ¡Menos mal que no me dieron a elegir!
En todas y cada una de las situaciones que tenía en mi lista no había ni una en la que yo me considerara valiente. Principalmente, porque ninguna de ellas había tenido que ver con algo en lo que yo tuviera decisión o poder para poder elegir. Me pasó y punto (les prometo que con lo de la ruina económica no tuve yo nada que ver, solo me tocó vivirla).
¿Cómo voy a ser valiente si no tenía elección? Ser valiente es otra cosa, es hacer lo que quieres a pesar del miedo, hacerlo con miedo. Pero por pura supervivencia con problemas del primer mundo, pues no sé si eso se puede llamar valentía.
Yo en el fondo soy muy cobarde, no quiero riesgos ni peligros. Quiero sopita templada, de la que no hay que soplar para evitar quemarte. Eso es lo que yo quiero, bueno y prosperidad, tanto en salud, como en dinero. ¡Qué no falte de nada, por el amor de Dior!
Ni en el hogar ni el mesa. Así que aquí te dejo cinco recetas para que te sientas la marquesa que eres.
Vida de marquesa es lo que merecemos.
Ensalada de papas,hinojo, gambas y mejillones

Esta tosta de hummus de remolacha con aguacate, huevo y cilantro es perfecta para desayunar o cenar.


Estas gambas marinadas tienen el superpoder de hacerte sentir chef profesional, sin ser nada de eso tú. El olor de esta maravilla no se olvida.

Ensalada de tomate, calabacín y aceitunas negras con mojo de cilantro.

Y de postre un bocado dulce de esos de fiesta. Estas tartaletas de galletas Lotus son tan fáciles como peligrosas.
