Lo de escuchar las señales del universo o lo de interpretar lo que es obvio, si no crees en esas cosas, a veces se me da regular.
Yo a mi intuición la escucho MUCHO, la tengo en las tripas y me habla tan claro, que me siento enferma físicamente, cuando estoy en un sitio que no es para mí. Me dan náuseas.
Hace años que dejé de cuestionar esos impulsos y simplemente me limito a interpretar lo que siento y seguir las pautas que me pide el cuerpo. Todo empezó a ser más sencillo cuando empecé a hacerlo.
Bueno, miento, me refiero a que vida se me hizo un poquito más sencilla de transitar. Pero seguir los mandatos del alma es complicado, porque da mucho miedo.
A mí me da miedo casi todo, tengo problemas para confiar y todo me lo cargo yo. Complejo de hermana mayor y niña con responsabilidades de adulta a tope. Lo sé, todo mal.
Normal que tenga problemas de columna, el peso del mundo me lo pongo yo solita sobre los hombros. Así es imposible tener bien las cervicales y disfrutar del devenir de las circunstancias.
Y lo de rendirme y dejarme llevar por la marea lo aprendí tarde, como casi todo.
Este trimestre me he propuesto aprender a recibir. Sí, yo me pongo objetivos vitales con las estaciones y ahora llega el verano, ya toca.
No me gusta recibir regalos, me apuro. Me pongo muy nerviosa y no sé cómo agradecerlo. Si alguien me hace un favor, de esos de corazón, con amor, con alegría, con ganas; yo me apuro en hacer un gesto el doble de grande para darle las gracias.
Y eso no es justo. El equilibrio no va ahí. ¿Por qué no voy a dejarme mimar? Yo disfruto tanto cuidando a otros, dejar que cuiden de mí es puro intercambio de energía.
Así que ya está, ya tengo nuevo mantra. Me voy a limitar a ejecutar y agradecer. Tengo los brazos abiertos y voy a dejarme mimar.
A lo mejor me acostumbro y todo. Quizás termine siendo de esas personas que piden mimos ¡Se imaginan!
Va en contra de mi naturaleza, así que va a ser divertido ver todas las resistencias que pongo al asunto.
¡Socorro!
He empezado genial, porque el verano no ha comenzado y ya me he dejado cuidar, celebrar y acoger.
La experiencia de “Entre croquetas y tertulia” en Cocinas Dogar fue perfecta para practicar. Me cedieron su precioso espacio para poder celebrar los 11.000 seguidores (aunque ya eran 12.000 el día del evento, gracias), me llevé a dos ayudantes excepcionales; mi marido y mi compadre e hicieron todo el trabajo sucio para que yo me dedicara a disfrutar.
Acepté el ofrecimiento de ayuda de una compañera para la logística a la hora de freír más de 180 croquetas. Me regalaron flores preciosas y las acepté sin más, me dijeron cosas lindas y las agradecí sin quitarles importancias y escuché todo lo que pude cada historia que se contó en ese ratito.
Confirmé lo que ya sabía, las personas que vienen a mis talleres, showcookings o como quieran llamar a estos eventos son siempre mucho más interesantes que yo. Y eso solo significa que elegí el camino correcto, yo siempre quiero ser la más tonta de la mesa.
Te dejo ideas para comer rico esta semana y te aconsejo que hagas raciones de más, para que el día que no te apetezca hacer nada, saques el tupper del congelador y te sientas cuidada.
Lo único que tienen en común estos platos es que puedes meterlos en el congelador y quedan estupendos luego. Te prometo que no terminarán siendo Walt Disney. Palabra de gordapapa.
Este estofado con calabaza es reconfortante, tiene un olor increíble, solo ensucia un caldero y deja salsita para mojar.

Las barritas de pescado se hacen con ingredientes que ya tienes en la nevera. Y son perfectas para cenas de última hora o almuerzos imprevistos.

Tener una bolsa de estos pimientos del piquillo en el congelador es saber que tienes un seguro de vida. Los sacas, los metes al micro y listos para zampar. Vale la pena hacer muchos, muchísimos.

Lentejas al curry con caldito para comerlas con cuchara, haces un poquito de arroz basmati y ya tienes la alegría del día. Insisto en que congela genial.

Las albóndigas de merluza más copietadas de mi familia. No me extraña, quedan jugosas, la salsa es divina y comer pescado sin espinas ni preocupaciones siempre es un plus si hay gremlins en el hogar o adultos pejigueras.

Y ya saben que no las dejo sin dulce. El queque de calabaza especiado es de mis favoritos, no de lo digan al resto. Me chifla.

Sé que estarán diciendo “¿eso se puede congelar?”, sí, lo cortas en rebanadas, separas cada rebanada con papel de horno y las metes en una bolsa de congelación. El día que solo quieras un trocito. Lo sacas de la bolsa, esperas un ratito y a disfrutar.
¡Amen mucho, vivan fuerte, coman rico y brinden por los que no están!