La intuición está en las tripas.
Ahí tienes las respuestas a casi todas las preguntas ¿debo o no? ¿Me muevo o me quedo? ¿Lo hago?
Tu estómago responde antes que tú. Si estás atenta a las señales del cuerpo te dice en cuestión de milésimas de segundo lo que hacer.
Otra cosa es que tú tengas los santos ovarios de hacerle caso a lo que te dicta el cuerpo. Es otro tema, mucho más delicado y difícil de abordar.
Yo me guío por mis tripas. Hay decisiones que tomo y que no puedo justificar con argumentos lógicos y razonables, simplemente sé que es un no y sigo con mi vida.
Jamás me he arrepentido de ninguna decisión que haya tomado así. Y dios, el universo, el karma y mi prima Mari Carmen saben que es cierto.
Tengo fama de buena bruja, así que muchas veces me apoyo en eso, sin que sea verdad. Es genial pillar fama de algo, porque luego no tienes que ofrecer un razonamiento lógico-deductivo. Eres así y tu entorno lo acepta como verdad universal, sin cuestionarse nada más.
Eso tiene mucho peligro, pero para estas cosas me beneficia y me pongo la etiqueta con gusto.
Me preguntan por qué hice algo y mi respuesta es “ya tú sabes que soy bastante bruja y sentía que tenía que ser así”. Siempre obtengo la misma respuesta “¡Ah! Claro, pues ya te dará el tiempo la razón”.
Siempre me río muy fuerte y contesto eso de “o me la quitará”.
Pero no deja de sorprenderme que tomen mi afirmación como una premisa incuestionable, jajajaja, como si yo fuera Newton formulando la relación entre la fuerza y el movimiento.
Supongo que tiene que ver con la seguridad con la que digo las cosas y que me quedo muy seria y con cara de mística, eso me sale genial. Bueno, y que me dan el sí de los locos para no escucharme hablar más, eso también.
La seguridad que muestro no es falsa, viene de saber que las consecuencias de mis actos las voy a cargar yo y solo yo. Y no voy a tener a quien culpar si me equivoco, así que aprieto las nalgas y sigo hacia delante. ¡Qué remedio!
Escuchar a tu intuición requiere práctica, conexión con tu respiración, con tus ritmos y con tus necesidades. Ninguna de esas cosas se pueden oír, si te pasas el día complaciendo a todo el mundo.
Una vez alguien al que quiero mucho me dijo que rezar era pedir orientación y meditar es pararse a escucharla.
De esto hace 20 años y ese es el tiempo que le he dedicado, por ahora, a esta práctica.
La cocina me ayuda a escucharme, porque si estoy mirando si se me queman o no las papas fritas, pues no puedo estar pensando en esa prueba médica, en la factura de turno o en la persona que está enferma. Solo estoy concentrada en el aceite hirviendo.
¡Ojalá hubiese alcanzado ya la paz espiritual completa y no me hiciera falta nada de esto! Mientras seguiremos meditando y cocinando.
Les dejo algunas ideas por si quieren practicar la calma preparando platos ricos.
El falso curry rojo de gambas más rico de mi hogar, que no es poco.

Estos huevos rellenos de aguacate con melocotón, fresco, fácil y rápido.

Este salmón no supe yo venderlo bien, porque si lo hacen una vez, repiten siempre. Queda espectacular y es tan fácil que lo puede hacer un niño.

Berenjenas con tomate, queso y cebolla. Te vale de aperitivo, de entrante, de cena de acompañamiento… es como las buenas amigas, vale para todo.

Amo el dulce de leche con la fuerza de los mares y el ímpetu del viento, si a ti te pasa lo mismo, vas a amar estas natillas que se hacen en diez minutos.
