No me voy a callar ni una y samosas

Es que no me pienso callar nada, pero nada de nada.
Ni una palabra.
Fin.

Resulta que me he enterado un poco tarde de que hay cosas que hago bien.
Más allá de hacer croquetas o queques —que eso tengo claro que me salen ricos—, no sabía que había rasgos de mi personalidad y habilidades que eran apreciados por propios y extraños.
Y mucho menos me imaginaba que esas cualidades pudieran formar parte de mi profesión o de mi manera de ganarme los garbanzos.

Por lo visto, mi parloteo habitual, ese que hace que entretenga a la gente incluso contando que fui a comprar el pan, no es solo parloteo. Tampoco es que sea talento, es que seguramente me pasan muchas cosas cuando voy a comprar el pan.
Mi curiosidad innata por investigar hasta el último detalle de cualquier historia que escucho o leo, y mi capacidad de almacenar anécdotas absurdas en el cabezón lleno de rizos que tengo, son cosas que se valoran.

No entiendo nada.

Me vine a enterar después de los 40. ¿Qué te parece?

No tenía ni idea de que hablar y tener diez mil ideas absurdas por segundo fuera algo monetizable.

Ahora todo el mundo usa la palabra “comunicadora”.
¿Dónde narices estaban todas esas personas cuando tenía 18 años y tenía que elegir carrera?
¿Dónde estaban metidos cuando me penaban en clase por hablar mucho?

O, a lo mejor, es que antes no era una comunicadora y ahora sí.
¿Puede que sea eso?

En cualquier caso, he tomado una decisión: a partir de ahora voy a hacer de espejo y pienso decirle a todo el que me lo pida todas las virtudes, habilidades, destrezas y cualidades que observe en su persona.

No pienso callar nada. No pienso dar por sentado que el ser humano que tengo enfrente sabe las cosas que hace bien. Voy a decirlas aunque me parezcan obvias.
Ni un adjetivo voy a omitir. Voy a largarlo TODO.

Si lo llego a saber antes…

Bueno, voy a pensar que las cosas llegan siempre cuando tocan y que andar el camino siempre me ha parecido divertido, incluso cuando no entendía si había un mapa que seguir.

Hazme un favor: elige a una persona que tengas cerca y dile las cosas que hace bien.
A lo mejor son cosas sencillas, como ordenar, escuchar, hablar o hacer mojitos.
Eso da igual. Dilo.

Este pollo es tan sabroso que me llega el olor al ver la foto de nuevo.

Estas samosas son un plato recurrente en mi hogar y tengo pendiente publicar otras que son perfectas para aprovechar las sobras de las verduras.

Un caldo de papas me cura el alma, olerlo me lleva a la infancia en un segundo. Es una máquina del tiempo genial.

NADIE, repito, NADIE, me ha contado que se ha animado a hacer este plato y es de los más sabrosos y fáciles de digerir que he inventado en los últimos tiempos: quinoa con salsa de tomate especiada, gambas, manzana y cebolla.

Yo no voy a dejarlas sin dulce y se me antoja un queque de calabaza aromático, con miga jugosa y muy elegante.

¡Vivan mucho, amen fuerte, coman rico y brinden por los que no están!

Publicado por aroaaleman

Hablo mucho y casi siempre de comida. Gordapapa profesional.

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