Dice mi prima Mary que ve que me va bien, usó la palabra “éxito” para referirse a mí. Solté una carcajada y le contesté:
“¡Ay, Mary! Yo sigo pringando todos los días, como siempre”, mientras le servía un buchito de café.
Mi Mary fue mi cómplice en la adolescencia, cuando de repente eres mayor y no sabes muy bien qué hacer ni lo que significa eso.Bueno, como ahora. Eso no ha cambiado mucho.
La convencí para que cantara a grito pelado canciones de Bon Jovi y ella me hacía ir dos veces a por un perrito, porque el primero se lo comía por el camino y le sabía a poco.
Bailábamos todo lo que podíamos y más, y nos moríamos de risa con la gran obra maestra del cine contemporáneo “El robobo de la jojoya”, fans de Martes y Trece desde chicas.
Una vez nos quedamos despiertas para ver las Olimpiadas y estábamos muertas de sueño y extrañadas de por qué no habían incluido a España si iban por orden alfabético y ya iban por la “L” y España empieza por “E”. Todo se aclaró cuando llegó la “S”. Ahí nos miramos y empezamos a gritarnos ignorantes la una a la otra: SPAIN, dos simplonas.
En fin, que Mary me conoce. Pasamos semanas sin hablarnos, meses sin vernos, pero conoció la versión base de mi persona, la esencia, aunque yo ahora sienta que soy muy diferente a la que compartió veranos con ella. Hay raíces que no se modifican y ella las conoce.
A ella no la puedo engañar. Me ha visto en tiempos feos y ya sabe cómo es mi oscuridad.
“A tope de éxitos”, dijo la muchacha. Y me dejó pensando en qué es el éxito.
Yo tengo una respuesta a esa pregunta que he repetido desde hace más de diez años: para mí, el éxito es poder decir no.
No hay más. Ahí está el triunfo: poder decir no.
Y algo tiene de razón, ahora puedo decir a veces que no, diría que muy a menudo. Y eso me encanta. Valoro cada no, porque he tenido épocas en las que no me los podía permitir.
Los noes son un lujo y no siempre tienen que ver con el dinero.
Si elegir dónde pongo mi tiempo es éxito, quiero mucho éxito. Si el éxito es poder decir que no, quiero mucho éxito. Si el éxito es poder ocupar los espacios que me apetezcan, quiero mucho éxito. Si el éxito es sentir una tranquilidad enorme en la boca del estómago al ir a dormir, quiero mucho éxito.
Si no es nada de eso, no lo quiero. Se lo quedan ustedes y a mí me dejan las croquetas.
Les dejo cinco recetas para inspirarse esta semana y comer rico, que sí que son éxitos asegurados.
Estos champiñones rellenos con espinacas y gambas son deliciosos y muy sencillos; un vicio.

Este bocata de cerdo con salsa de soja y miel con alioli de cilantro es una imitación hogareño de uno que me chifla del restaurante Anteo, en Gran Canaria.

Pimientos rellenos de queso y espinacas

Lasaña de calabaza, verduras y jamón serrano con mucho queso y albahaca.

La tarta de queso y calabaza que siempre triunfa en mis talleres
