Palizas, sándwiches y mujeres

No se comparen con nadie, con nadie, pero conmigo menos todavía.

Hace un par de días les enseñé que hicimos en mi hogar una de las reuniones de mujeres de mi familia.

Sí, es algo que hacemos con frecuencia: reunirnos.
Y no solo las mujeres, sino también con los hombres y los niños.

Pero cada cosa a su tiempo y en su lugar.

En esta ocasión éramos solo mujeres. Lo hacemos al menos una vez al año.

Otros años hemos ido a un spa, a pasar el día en un hotel, a pasar la mañana haciendo yoga en la azotea de mi prima y luego un brunch.
En fin, que los planes son variados, no somos de tradiciones fijas.

En marzo se nos ocurrió que sería guay reunirnos para autorregalarnos un pijama (llegamos a la conclusión de que cuando tienes cierta edad ya nadie te regala uno, ¡con lo guay que es estrenar pijama! Y que, si lo elegíamos nosotras, no íbamos a fallar). Además, decidimos que lo acompañaríamos de desayuno y juegos para ganarnos nuestros pijamas.

Ya sé lo que estás pensando: ¿si tú misma te compras tu pijama, para qué el juego? Pues por las risas, Fefa, por las risas.

Yo me presenté voluntaria para poner la casa y el desayuno. Y mi prima Betty ponía los juegos.

Les dejo fotos de lo que preparé para todas las cabras de mi familia.

– Medias noches de pavo y curry.
Tostas calientes de pesto rosso, queso canario y albahaca.
– Sándwiches de pimientos del piquillo, atún, huevo duro y cebollino (en breve subo la receta).
– Yogur griego con granola casera (lo siento, esa receta solo está en mis talleres y en mi ebook —tengo que volver a ponerlo a la venta—).
– Limoncitos (receta mejorada, en breve la subo).
Brownies.
– Zumo de maracuyá y frutos rojos casero.
– Zumo de naranja, mango y papaya casero.
– Café, té, cacao.
– Vermut.

Me preguntaron cómo hacía todo eso trabajando, con dos niños y sin ayuda doméstica en el hogar. Y esa no es la pregunta correcta.

La cuestión clave es: ¿cómo narices lo hago con una nevera normal en mi cocina? Esa nevera tiene que seguir albergando comida para cuatro esa semana, porque todos desayunamos, comemos al mediodía en casa y cenamos en el hogar. ¡ESO ES LO DIFÍCIL!
No hay hueco para todo, jajaja, esa gente come mucho.

Ahí está el problema, que empiezan a compararse. No lo hagan.

Cocino rápido porque llevo haciéndolo desde que tengo 6 años. A los 10 añitos preparaba almuerzos para 11 personas con ayuda de mi prima Mary (con menú de canelones caseros, entrante y postre). A los 14 era la que tenía que hacer la comida a diario en mi casa al salir del instituto; tenía 20 minutos antes de que llegara mi hermana.

Las recetas que preparé llevo haciéndolas más de 15 años, sé las cantidades que debo hacer de cada cosa, no pierdo tiempo en cálculos ni en una lista de la compra compleja.

  • Sé que los limoncitos y los brownies los puedo hacer hasta dos días antes (en esta ocasión fue el día anterior, porque trabajé hasta el último momento).
  • La granola la puedo tener preparada con días de antelación.
  • El relleno de los sándwiches, el pesto rosso, la salsa de las medias noches están preparados en la nevera la noche antes.

Así, el día de la reunión solo tengo que montar los sándwiches y las medias noches, dejar las tostas en el horno listas para hornear y dejar un zumo hecho en la batidora americana y otro en la nevera.

La logística no tengo que pensarla, ya la tengo interiorizada, porque llevo haciendo esto toda la vida. No tiene mérito. Eso te ahorra mucho tiempo: normalmente se tarda más en pensar y organizar que en ejecutar.

Soy rápida cortando, puedo cocinar varias cosas a la vez porque sé los tiempos que tiene cada receta y las reparto en varios días para poder ir haciéndolas “al golpito”, una de mis expresiones canarias favoritas.

¿Es una paliza?
Sí.

Normalmente tengo al señor letrado de esclavo y va fregando la loza, pero esta vez estaba de guardia. Y en medio de todo eso hay que seguir llevando a los gremlins a actividades, hacer lavadoras y esas cosas.

¿Por qué me ofrezco a estas cosas si dan trabajo?
Porque adoro los procesos, ver la encimera de mi cocina llena de comida colorinchis, que todo desaparezca en minutos y ver la cara de disfrute del resto.
Y, sobre todo, amo escucharlas parloteando por mi salón y comedor, el ruido constante, las risas de los juegos, los chistes, los desahogos, las nuevas noticias, el llorar penas viejas y todas esas cosas que surgen cuando una se junta con los suyos.

¿Y luego recoger todo eso es otra paliza?
No, eso no. La gente de mi familia y mis amigos son personas civilizadas y siempre ayudan a recoger, de manera que cuando se van, solo falta barrer y limpiar el suelo. El resto está todo limpio y en su sitio, sin que yo tenga que decir nada.
Somos muchos: a poco que cada una coja una cosa, ya está la casa lista. No hay más.

Cada una tiene sus habilidades. Yo soy una inútil con los trámites administrativos: me pongo muy nerviosa y dejo hasta de ver del estrés que me produce rellenar un cuestionario.
No sé calcular espacios físicos, se me da fatal saber si un mueble cabe en ese hueco. Y me pierdo en el parking de Carrefour; no es chiste, me pierdo en todos lados.
Cuando repartieron el sentido de la orientación, yo me puse en la cola de las croquetas.

En cambio, lo de preparar comida chiquitita de colorinchis me encanta y soy capaz de recordar el rap del “Wannabe” de las Spice Girls.

¿Qué se te da bien a ti?

A lo bobo, ya he compartido recetas de sobra con ustedes para esta semana.
Así que lo único que les deseo es que ¡vivan mucho, amen fuerte, coman rico y brinden por los que no están!

Publicado por aroaaleman

Hablo mucho y casi siempre de comida. Gordapapa profesional.

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