Si sobrepensar las cosas quemara calorías, yo estaría prácticamente desnutrida. Se me da genial darle vueltas a las ideas hasta desgastarlas, manosearlas como un trapo viejo y abandonarlas totalmente sobeteadas, sin haberlas ejecutado.
Ya te he dicho que mi especialidad es pensarlas. Lo de hacerlas realidad… eso ya me cuesta más.
Me pasé años y años dejando mis ideas en un cajón, convenciéndome de que no intentaba hacer nada con ellas porque eran imposibles, porque necesitaba dinero para cumplirlas o porque eran una inversión de tiempo que no me podía permitir.
Por lo visto, para tenerlas rondándome por la cabeza todo el santo día sí que tenía tiempo. Muchísimo tiempo.
La única verdad es que no movía ficha porque me daba miedo. Fin.
Me paralizaba dar algún paso hacia el objetivo porque la meta era enorme y estaba muy lejos. Era tan tonta que no entendía que lo único que hay que hacer es dar un paso cada vez.
Y que la meta está muy bien, pero que, mientras caminas, a lo mejor descubres otras cosas. O no, yo qué sé. Pero, al menos, ya no estás en la casilla de salida, parada y mirando al horizonte.
Aprendí tarde —yo siempre todo lo hago tarde— que lo importante es seguir andando.
Suena fácil, relindo y optimista total, ¿verdad?
Pues no se dejen engañar.
Es una caca de la vaca. Complicadísimo y retador.
Dan ganas de salir huyendo cada dos días, de meterte en un convento o de irte a vivir a una cueva. Bueno, a mí lo de la cueva no me pasa porque soy claustrofóbica, pero ustedes me entienden.
Ser una adulta funcional con aspiraciones es agotadooooooooooooooooooor.
Principalmente porque hay que tomar decisiones todo el rato y llega un momento en el que ya no quiero elegir nada. Me dan ganas de dejarlo al azar o en manos de un péndulo de cuarzo. Cualquier cosa con tal de no tener que decidir yo el rumbo de mi vida.
Pero resulta que, si ignoras todos esos pensamientos y lo haces igual.Resulta que, si tachas la mitad de esas tareas urgentísimas que tú solita te autoimpusiste. Resulta que, si lo primero que escribes en tu agenda es: «Ponte el día fácil», pues todo sale igual, pero te ahorras el agotamiento previo de darle vueltas sin parar a la centrifugadora mental.
A principios de año escribí en mi libreta: «Ejecutaré mis ideas sin cuestionarlas».
Lo he cumplido. La mayoría del tiempo.
Y he llegado a varias conclusiones:
- Así la vida es más sencilla.
- El movimiento siempre trae cosas nuevas.
- Sigo sobrepensando, pero ahora durante menos tiempo.
Así que, cuando me veo estancada y con dolor de tripa, hago, hago y hago.
Y fin del proceso creativo.
Se acabó.
Lo hacemos y ya vemos.Al carajo la previsión.
Te dejo 5 ideas para zampar y asì tu semana cumpla esa máxima de “Ponte el día fácil”
Esta ensalada se me hizo vital, sin ser nada de eso yo, y no me extraña.

Cada vez que hago este pollo en salsa marrón, me hacen la ola en mi hogar.

Con estos calores lo único que me parece son sopas y cremas frías como esta de pepino y melón.
Me pidieron que les dejara estas palmeriras de pesto a mano y sus deseos son órdenes para mí.

Hemos hablado muy poco de esta tarta de Friends por aquí y debería de darme vergüenza. Es una bomba.

¡Vivan mucho, amen fuerte, coman rico y brinden por los que no están!