Esta receta no te va a salir.

Pongo las tortitas de Carnaval todavía humeantes sobre el plato y empiezo a lanzar sobre ellas hilos de miel hasta que su superficie se torna brillante y pegajosa. 

Cada uno pilla su ración y la pone sobre los platos blancos de postre que tanto me gustan. 

Las parten con el tenedor y se zampan el primer bocado. Se hace el silencio y se escucha ¡Mmm…! ¡Joooodeeer! ¡Saben como las de mi abuela! 

Sonrío y les digo que es normal, que es la receta de la mía. Por eso saben como las de la abuela. No hay más secretos.

Hablamos sobre las distintas versiones de tortitas de Carnaval que hay y que en mi hogar siempre fueron así, la masa con sabor a anís, limón y canela. Sin plátano ni calabaza.

Les insisto que después de leer muchos libros de cocina canaria y hablar con mucha gente sobre el tema, me doy cuenta de que la versión de tortitas de Carnaval varía según tu nivel económico. 

Debatimos sobre el tema y sobre las recetas heredadas.

Y sobre las vetadas. Esas que ni siquiera te atreves a hacer, porque sería como llamar a los demonios del duelo o porque en el fondo sientes que no estarían a la altura del recuerdo.

Las dos opciones son un poco lo mismo.

No he hecho papas rellenas desde que ella se fue, hace diez años, no he podido hacerlas. Me sé la receta de memoria, he tenido mil oportunidades para elaborarlas, sé que a mis gremlins les fliparían. No las he hecho.

Supongo que algún día lo clasificaran dentro de las etapas del duelo, ya saben, negación, ira,negociación, depresión, aceptación y hacer papas rellenas. 

Luego está la categoría de inimitables, la tortilla de papas es la reina aquí. Es muy difícil, para mí imposible, imitar una tortilla de papas. Y una vez se muere la persona que hacía LA tortilla de papas en tu familia, sueñas con ella igual que añoras un abrazo del que se fue. 

Yo sueño con las recetas de mis muertos, sé que suena raro, pero a mí me hace feliz. 

Sin venir a cuento, en alguno de mis sueños veo a alguno de mis muertos y me dan la receta de los calamares en salsa, del potaje de jaramagos o de los canelones que tan bien le salían.

Me quedo muy atenta intentando recordar los detalles, porque en todo y cada uno de esos sueños soy consciente de que aquella es una escena onírica y que acabará muy pronto. Me da terror despertarme y olvidarme de lo vivido, así que hago un esfuerzo mental COLOSAL por recordar cada segundo. 

A lo mejor me vendría mejor soñar con Beckham, pero no sé si él me daría recetas.

Algún día me verán publicar por aquí las recetas de las papas rellenas de mi madre y sabrán que he superado un temor, que llevo escondido y sin prestarle atención, que me acompaña, sin ser molesto, desde ese año fatídico de despedidas sin fin.

Y sé que entonces, cuando empiece a oler el sofrito, a vaciar las papas con ese utensilio que me fascinaba de pequeña, un sacabolas pequeño con un agujero en el centro, la notaré allí. 

Tengo la certeza que cuando la carne picada bien condimentada empiece a dar ese olor que me lleva a los 90 a ese piso con la cocina blanca, que me atormenta a menudo,seré capaz de oír su voz.

Tengo claro que cuando la papa esté tan tierna que pueda atravesarse fácilmente con un tenedor, veré sus manos.

Ese pellizco en el corazón que siento tan fuerte que me deja sin aire unos segundos al imaginar la escena, estará, pero sé que respiraré y todo irá bien. 

Publicado por aroaaleman

Hablo mucho y casi siempre de comida. Gordapapa profesional.

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