Estoy descubriendo muchas cosas que no sabía de mí.
Resulta que tengo problemas para autorrecompensarme. Me cuesta muchísimo.
Yo pensaba que era bien disfrutona, pero resulta que esa faceta me sale mucho más fácil con los demás que conmigo.
La segunda conclusión a la que he llegado es que tiendo a complicarme la vida.
Si el día tiene un nivel de dificultad 2, yo lo convierto en un 7. Se ve que, si no lo hago así, no me parece suficiente.
¡Qué horror! Ya no quiero ser esa persona.
Así que he decidido dejar eso atrás y estoy practicando ponerme la vida fácil. Muy fácil. FACILÍSIMA.
Por ahora solo he dado pequeños pasos, pero si algo he aprendido es que los cambios que duran rara vez son bruscos.
Voy a felicitarme por dejar huecos libres en mi agenda para bajar el ritmo, por coger atajos en tareas que no son importantes, por priorizar el descanso y por no necesitar que todo esté perfecto.
Y te digo una cosa: es mucho mejor esto que intentar ser Mary Poppins, prácticamente perfecta en todo.
¡Buff! Eso sí que es agotador.
Ahora estoy pensando en lo de la autorrecompensa. ¿Qué plan o qué acción podría regalarme? No quiero que sea una cosa material.
Mientras lo pienso, te dejo ideas para zampar y hacer que tu semana tenga el mismo lema que la mía:
«¡Póntelo fácil!»
La ensalada que amo en esta época del año, mezcla dulce, salado y crujiente.


Esto es tan fácil que se soluciona una cena o un almuerzo en nada y en menos.


Y de postre , pues sigo obsesionada con estos limones, me chiflan.

¡Amen fuerte, vivan mucho, coman rico y brinden por los que no están!