Dije que no a la propuesta que me hicieron en el trabajo solo porque el cuerpo se me encogió al escucharla.
¿Había otra razón para rechazarla?
No.
Ya sé lo que estás pensando: que que el cuerpo se tense no es una razón de peso para no aceptar una propuesta y mucho menos una de trabajo. ¿Qué método de elección es ese?
Pues el que nunca me ha fallado.
Es así.
Las veces que no he escuchado mi intuición y me he dejado llevar solo por la razón han sido duras.
Las tripas y el corazón tienen las cosas claras antes que la cabecita.
La intuición habla alto y claro y, si no es ahí, pues no es ahí. Ya iremos haciendo el camino.
Y si me equivoqué, pues me equivoqué yo.
Cargo yo solita con las consecuencias. ¡Qué gusto me da no poder culpar a nadie de las decisiones que tomo!
Mi intuición está en mi barriga.
Me duele horrores cuando algo no me cuadra.
No puedo comer y todo me da náuseas si me siento traicionada.
Se llena de mariposas si la ilusión es muy grande.
Me da paz y noto la calma justo ahí, en la boca del estómago, cuando todo va bien.
¡Qué sensación esa! ¿Eh?
La de la tranquilidad.
Respirar y sentirte ligera, agradecida y en calma.
Es una pena que sea tan efímera. Me encantaría que durara eternamente.
Paz no puedo ofrecerte, pero sí cinco platos que te van a ayudar a sentir tranquilidad a lo largo de la semana.
Este risotto de calabaza y calamares es un fijo en mi hogar.

La caldereta de fin de mes es tan fácil, que vale para cualquier día.

Un couscous de pollo con pasas y tienes la semana solucionada.

Las berenjenas a la parmesana son perfectas para que trabaje el horno y no tú.

Y no los voy a dejar sin postre. Tarta de queso sin gluten y con mascarpone para el que se le antoje.

¡Vivan mucho, amen fuerte, coman rico y brinden por los que no están!