Ponerle ganas, cerezas y bocadillos

Ella había pasado por unas semanas duras, de esas tan duras que no te queda otra que poner tu vida entera en pausa para ver cómo termina el asunto.

Pero ese día le tocaba volver al trabajo. Allí se plantó con la coleta bien estirada y la sonrisa de siempre.

Al entrar la vi, pero ella no me vio a mí. Era imposible que pudiera darse cuenta de mi presencia entre tantos ojos mirándola mientras se afanaba en cortar la pata de cerdo lo más rápido posible detrás de la barra.

La única parada que hacía era para establecer contacto visual con todos esos clientes hambrientos y con cara de sueño que esperaban su desayuno. Los miraba un segundo y soltaba un: «¿Todo bien?», «Ya sale lo tuyo», «¿Eran dos con queso?».

Y seguía sacando lonchas y lonchas de esa pieza de cerdo que desaparecería en cuestión de minutos.

El calor era potente y el aire, denso. Allí no corría ni media brisa, y ella seguía con gestos rápidos y certeros preparando un bocadillo tras otro: uno con alioli, otro con queso, otro sin corteza, ese sin grasa, ese con doble de pata…

Y los ojos de quienes esperaban su desayuno de pie, en aquella pequeña barra, no se apartaban de ese espectáculo. Cada gesto era observado y analizado. Casi no había conversación entre ellos. Querían su desayuno, todos a la vez, todos con pedidos grandes.

Y ahí seguía Delia, sonriendo y moviendo sus manos sin parar mientras el calor convertía cada gesto en un entrenamiento.

Un señor entró sonriendo. Llevaba una gorra y ropa fresca. Esperó su turno y empezó a dar conversación a todo el que tenía alrededor.

Centró su mirada en los bocadillos que salían y salían sin parar y en la sonrisa de esa señora con la coleta tan bien hecha, que seguía buscando miradas de complicidad a pesar de la carga de trabajo. Se quedó callado unos segundos y le dijo en voz bien alta:

—¿Eres feliz?

Ella, apurada, contestó, sin apartar la vista de la corteza crujiente de la pata de cerdo que estaba cortando con unas tijeras:

—Procuro serlo.

Él reflexionó unos segundos y respondió:

—Pues mira, te sale bien.

Ella sonrió de medio lado y, con la calma de quien conoce bien sus penas, le contestó casi gritando:

—¡Porque le pongo interés!

Y esa lección de pura filosofía me llevé mientras bebía mi café y le pegaba un mordisco a mi bocata.

Para ser feliz cuando no toca, hay que ponerle interés.

Si al final lo de ser feliz va a ser vocacional y todo.

Yo no soy tan lista como Delia ni sé trabajar tan duro, pero puedo darte cinco ideas para que esta semana comas rico. Y eso siempre ayuda a que la vida sea un poco más placentera.

El hummus de tomate seco es el que más me piden y el que más veces he tenido que preparar, es un vicio y va genial para cenar con crudités en esta época del año.

Comer lentejas en plena ola de calor es posible con esta ensalada fresquita con una salsa DELICIOSA y batata amarilla ¡Se me hace la boca agua!

Estas gambas son rápidas, frescas, fáciles y perfectas para llevar en tupper a cualquier lado.

La temporada de cerezas me apasiona y estos vasitos frescos son perfectos para el verano y.

Publicado por aroaaleman

Hablo mucho y casi siempre de comida. Gordapapa profesional.

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